España, tercer país del mundo con más ciberataques
La sombra del virus WannaCry será alargada, al menos durante unas semanas. Pero esto sólo es el principio. En el mundo hay 10.000 millones de dispositivos conectados a internet, cifra que en unas décadas podría multiplicarse por cinco. Demasiadas puertas que proteger.
En 2016, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe) contabilizó 115.000 incidentes informáticos a empresas y particulares en España, un 130% más que los 50.000 registrados el año anterior. Esta estadística sitúa a España como el tercer país más atacado del mundo, tras Estados Unidos y Reino Unido. En marzo de este año, una fuente del CNI matizó en Papel, el dominical de EL MUNDO, el bronce en este ránking oficioso y lo atribuyó a que muchos países importantes se niegan a publicar cifras de ciberataques. Desde el servicio de Inteligencia se afirma que hoy España tiene una capacidad de respuesta similar a la de los países europeos de nuestro entorno.¿Quién nos ataca? Una pregunta tan lógica como difícil de responder. Se estima que tres de cada cuatro agresiones contra infraestructuras informáticas del estado son patrocinadas por otros países. Su principal objetivo es el robo de información y China y Rusia son los orígenes más frecuentes.
El 32% de las empresas admite haberlos sufrido el último año
La complejidad de la ciberguerra nace en la niebla que inunda el mundo virtual, que ciega tanto a estados, como a empresas y usuarios domésticos. Ni siquiera los propios países actúan con criterios tradicionales, opera la ley de la jungla y el culto al camuflaje. Más allá de los conflictos internacionales que llevan la geopolítica al ordenador surge una cantidad de actores que complican todavía más las cosas para los encargados de la ciberdefensa. El Centro Criptológico Nacional (CCN), en su informe Ciberamenazas 2015/Tendencias 2016, elaboró una lista de los principales ciberenemigos a los que se enfrenta España. Estos agentes son los citados Estados, ciberdelincuentes, hackivistas, grupos yihadistas, terroristas, cibervándalos, actores internos (motivados por venganza o búsqueda de beneficios económicos o ideológicos), ciberinvestigadores (revelación de debilidades de un usuario que pueden usarse contra él) y organizaciones privadas (con intereses en obtener o vender información).