La taberna de Yahia: La crianza mariana
Dic 24, 2019 08:52 UTC
ParsToday-En el Nombre de Dios
1. "¿Ojos que no ven?,
¡corazón que no siente!"
Si ya se disponía de la historia bíblica de María (p) como medio de sensibilización para evangelizar, ¿por qué decide la madre de Jesús (p) visitar a nuestro mejor hombre?
Es que no hay nada como un testimonio de primera mano; todos los demás eran hasta de cuarta, o sinceramente imprecisables por ambiguos, digamos lo menos.
Como el de Pablo, que ni siquiera les conoció en persona, declarando tan sólo que escuchó a Cristo cuestionarlo, cuya nueva doctrina produce un cisma entre los apóstoles, e incluso contradice sus evangelios y la ley (sic).
Cuauhtlahtoatzin (p) tenía un buen nombre en todos los sentidos, al que añadió su propio testimonio, mismo que una y otra vez repetía gozoso a todo aquel que se lo quisiera escuchar, o por lo menos estuviera dispuesto a atender.
Es decir, esa porción de las tradiciones amerindias llamada "tradición oral", halló su fruto más nutricio y salvífico en boca de nuestro Juan (p).
Cualquiera podía verle y escucharle en su ermita del Tepeyac, y decidir si era sincero, a la par de disponer de un novísimo y supraterrenal códice, para así acercarse a ver con los ojos del corazón a María (p).
Ya luego se escribiría nuestro "hadiz" o escrito testimonial, el Nican Mopohua, como un paso natural de la partida de Juan hacia sus amores celestiales.
Ese libro, nuestro Evangelio Amerindio, es nuestra carta de amor lacrada que abre la fe, y desempolva la razón.
Nos espera con su tinta fresca por siempre, y su invitación renovada…
La llamada es a acompañarles en este plano terrenal imitando su conducta ejemplar, para así hacerlo en la dimensión perdurable, el Más Allá, ganándose la Eternidad Paradisíaca, ni más ni menos.
Ese reclamo que demanda nuestras almas, nuestra entrega, fue escrito de tantas formas como era posible; démosles un repaso:
En primera, la sublime compasión de María, al ver a un continente donde fue ella misma y su hijo mostrados con los códigos de la "mitología" y los códices, siendo masacrado, no sólo para que entregara su trabajo y la riqueza de su tierra, sino su propio pensamiento y corazón, a través del yugo de la esclavitud, y del río de sangre de las armas. ¿Cómo podía amárseles así (p)?, ¿cómo podía esa creencia forzada tener un ápice de legitimidad?
De hecho, esa naturalidad con la que América adoptó la devoción mariana en un inicio, habla de que efectivamente la esperaba (p). No puede ser de otra forma.
Y también, el que se haya obligado la conversión, produjo consecuencias todavía presentes, como la aversión apriorística a conceder siquiera el derecho de la duda a una sola frase de la Biblia, o del mismo milagro.
En algún momento debe retornar la razón, y por esto construimos estos argumentos. Sin cuestionarnos, y sin cuestionar, nuestro credo no es más que el reflejo idéntico de lo que creemos atacar: un dogma.
En seguida, están las declaraciones orales de San Juan Diego Cuauhtlahtoatzin, y el que consideramos el más sublime retrato hablado de la historia, a reserva de quien quiera seguirle considerando milagroso, pues esto, como dijimos, es un gesto voluntario personal e intransferible. Ni siquiera el ex abad de la basílica creía que la pintura fuera milagrosa, por cierto…
Y por último, resta iniciar el camino mariano, con los misterios que le son propios, muchos más de los que se confiesan o se suponen, pues esa misiva multimedia, la primera a ese nivel en el continente, nos pide una respuesta que no es sólo ritual.
En verdad esa llamada no caduca, es extemporánea, o pierde validez, pues es apocalíptica: entre más nos acercamos al festín del cordero, cobra mayor vigencia, y perentoriedad.
¿Cómo dudar de un amor tan evidente?, ¿cómo titubear en evolucionar el que ya se abriga? El amor no es monolítico, está en constante evolución de serlo.
Quien como aquel que tiene en sus manos, ante su vista, y en mente y corazón, las prendas del idilio, las pruebas del romance puro, aquel que da sin más interés que el del amado, el de la amada. Nosotros somos esos, esas, justamente.
¿Quién como nosotros?
Por: Iván Ardila
Las opiniones y conclusiones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de ParsToday en español.
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