Presidente Trump, ¿conoce a la dinastía Al-Saud?(I)
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La visita de Donald Trump a Arabia Saudí es un hecho. El principal aliado regional –luego de Israel, por supuesto- ya se prepara para recibir más armamento, en especial misiles de última generación.
(last modified 2019-02-14T13:38:19+00:00 )
May 23, 2017 03:41 UTC
  • Presidente Trump, ¿conoce a la dinastía Al-Saud?(I)

La visita de Donald Trump a Arabia Saudí es un hecho. El principal aliado regional –luego de Israel, por supuesto- ya se prepara para recibir más armamento, en especial misiles de última generación.

Si Israel asesina en Palestina, Líbano y Siria; los saudíes se suman a asesinar y encarcelar en su propio país, invaden Bahréin colaborando con la V Flota norteamericana, y de paso, masacran a la pobre población civil en Yemen.

Israel, Arabia Saudí y EE.UU. saben que la culpa de todo es de…Irán. Por suerte para el mundo, ni Rusia ni China piensan igual.

Pero no siempre los persas fueron malos muchachos. Algunos actores regionales siguen siendo lo mismo, otros son historia. La guerra en Siria es la síntesis de la “tercera guerra mundial en partes” por un nuevo orden mundial, donde Medio Oriente es, en especial para Trump y sus generales, la madre de todas las batallas. El Pentágono tiene bombas para esta batalla. En Afganistán ya la probaron. Por las dudas, le avisaron a Trump que Bin Laden ya estaba muerto.   

Invitamos a hacer un repaso histórico de la dinastía saudí. Quizás el lector se pueda dar una idea de que a veces, el pasado y el presente, se parecen como dos gotas de agua.

Es que con los británicos primero, con los norteamericanos luego y siempre con los mercenarios takfiríes[1], podemos resumir el triste papel de una dinastía ya sin reflejos geopolíticos.

Gran Bretaña primero, EE.UU. después

Tras el fin de la Primera Guerra, y la derrota del “enfermo” Imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia dividieron el mundo árabe. Arabia ingresó a la influencia británica. Los gringos, siempre tan demócratas, dieron al sharif Husein el trono. Era el año 1916 y los árabes tenían su rey. Había que pagar favores.

Han pasado ya cien años del acuerdo Sykes-Picot, y Medio Oriente está cada vez más resistente. Occidente no puede imponer su agenda. Por eso, ya hay analistas que insisten en re-mapear la región. El Nuevo Orden Mundial necesita apoyar a las nuevas comunidades fogoneadas, sean étnicas o religiosas. Es que el viejo orden colonial europeo no sirve más. Kissinger lo dice así:

“Si múltiples estados contiguos en el corazón del mundo árabe son incapaces de establecer un gobierno legítimo y un control coherente sobre sus territorios, la organización territorial de Oriente Próximo instaurada tras la Primera Guerra Mundial habrá entrado en su etapa terminal.

El conflicto en Siria e Irak y áreas adyacentes se ha transformado en símbolo de una nueva y ominosa tendencia: la desintegración del Estado en unidades tribales y sectarias, algunas de ellas a caballo entre las fronteras existentes, en conflicto violento unas con otras, o manipuladas por facciones externas rivales, sin observar reglas comunes, excepto la ley de una fuerza superior[2].”  

Retomemos. En Arabia, los ingleses, de la mano del capitán Shakespear y al Tratado Anglo-Saudí, tenían a un mejor jugador: Ibn Saud derrocará a Husein, y con la “asistencia” británica (dinero, armas) se convertirá en nuevo rey. Del tratado de protectorado en 1915 al tratado de “amistad y buenas intenciones” de 1927, los británicos hacían su “pequeño juego” en Arabia. En 1932, se crea Arabia Saudita. Le pusieron su nombre al país –sugerencia británica-, quizás para disimular la

“…presencia tutelar británica. Al lado de Ibn Saud, el capitán Shakespear, destacado por el Indian Office, patrocinaba discretamente las ambiciones de una familia a la que Whitehall ayudó a apoderarse de La Meca y Medina en 1924-1925, expulsando a la dinastía hachemí, con peligrosas pretensiones panárabes, de las que T.E. Lawrence, el legendario Lawrence de Arabia, ejerció en vano de abogado”.[3]

Al año siguiente, el rey ya firma una concesión petrolera por sesenta años. Surat Al Kafirun[4] usaron para justificarse. SOCAL[5] le decían los norteamericanos, luego ARAMCO. Hacia afuera, petróleo por protección. Del interior del país se encargaba el Wahabismo, viejo aliado. Ecuación que todavía perdura.

Gracias a ARAMCO (nacionalizada en 1988) y a la II Guerra Mundial, Roosevelt sería el nuevo protector de “la zona estratégica más importante del mundo”, según sus palabras. Vaya innovación[6], descuidada por los fundamentalistas. Ibn Saud lo conocerá en 1945, en el día de San Valentín: nacía un nuevo amor, que soportaría hasta la caída de dos torres gemelas. El Rey relajaría por unos momentos su vida sexual[7] para reunirse en el Quincy.  Extraña asociación[8], llamativamente no analizada por los religiosos saudíes.

“Ibn Saud cuenta con Estados Unidos para proteger la integridad del reino: en la década de 1940 de las ambiciones hachemitas (Irak y Jordania); en la década de 1950 de las de Nasser; y a partir de 1979 de los llamados de la revolución iraní. Esa “garantía” se materializará en 1990, cuando, a raíz de la invasión a Kuwait, 500.000 soldados estadounidenses desembarcan en Arabia. Ningún otro país –los dirigentes sauditas están convencidos– puede ofrecerles semejante garantía.”[9]

Años después, será Brzezinski quien resumirá las relaciones del reino con EE.UU:

Necesitamos su petróleo, y debemos, por consiguiente, asegurarnos su amistad, y por tanto estamos comprometidos en la protección de su seguridad. Ellos son, a su vez, casi totalmente dependiente de nosotros para su seguridad en una región en la que son vulnerables y muy ricos. Existe, pues, un tipo muy curioso de interdependencia, aunque asimétrica”.[10]

Gamal Abdul Nasser, mi general, cuanto vales…

La década del 50 traerá cambios sustanciales. Los oficiales libres de Egipto se llevarán puesta a la monarquía de su país y tendrán al arabismo como bandera de confrontación contra Israel. En 1956 la guerra por la nacionalización del Canal de Suez, tendrá a los Saud del lado de Nasser. Tibio apoyo. Gran Bretaña, Francia e Israel en frente.

El Panarabismo[11] y la popularidad de Nasser, la unión con Siria, la represión a los Hermanos Musulmanes (que se refugiaban en Arabia Saudí), la guerra en Yemen, más un intento de asesinato a Nasser al parecer con colaboración de la Casa Saud, llevarían al fin de las relaciones en 1962.

La Guerra en Yemen provocaría las primeras diferencias políticas con EE.UU. Kennedy consideraba válido negociar con Nasser, y además reconoció a la República de Yemen. Se intentaba  contener a Nasser y  moderar la influencia soviética. Llegaría así el turno del Rey Feisal (1964), responsable de modernizar al reino con reformas sociales y económicas. Incluso fomentó la educación, incluyendo a las mujeres:

El príncipe heredero Faisal, que reinó de 1964 a 1975, deseaba que se abriera la educación pública a las niñas: por entonces, sólo el 22% de los niños estaban escolarizados, y apenas el 2% de las niñas. Un sector de los ulemas, apoyados por muchos padres, fundamentalmente en las regiones más conservadoras, se opuso a la propuesta del príncipe. Durante una entrevista, Faisal interrogó a los ulemas: “¿Hay algún versículo del Corán que prohíba la educación de las niñas?” Ante el silencio que se produjo, continuó: “Como educarse incumbe a cada musulmán, vamos a crear escuelas. Los padres que quieran enviar sus hijas podrán hacerlo. Los otros pueden optar por mantenerlas en la casa. Cada uno será libre de decidir”[12]

Feisal, con los ingresos del petróleo, representó la contracara al nacionalismo árabe, ponderando una modernización que levantaba las banderas del Islam. En frente, Egipto y el Baaz de Siria e Iraq llamaban a la unidad de los árabes y promovían el fin de las monarquías.  

La guerra del ‘67 debilitaría a Nasser y sus aliados. La pérdida de territorio que provocó la dura derrota frente a Israel (con apoyo occidental, por supuesto), sería el comienzo del fin para el nacionalismo árabe. Feisal y el petróleo árabe financiarían a Siria, Jordania y Egipto (tras la retirada este último de Yemen).

Egipto derrotado, Nasser muerto (1970), permitían con el petróleo ubicar a Arabia Saudí en un actor, ahora sí, central. La “custodia” de La Meca y Medina, las dos principales ciudades santas del Islam, harían el resto. Y no sólo por la religión. En la actualidad, el rito del Hayy o Peregrinación, otorga al reino una ganancia de entre ocho y diez mil millones de dólares, un 10 % de su PBI:

“La familia Saud, regente de ese cortijo en propiedad que es el país, lo único que ha hecho ha sido adherir lo mejor del capitalismo al Islam, una religión que-recordemos-les brinda una clientela potencial de 1.200 millones de personas. El metro cuadrado de tierra en La Meca cuesta más de 22.000 euros. La loma donde se levantó una vez la casa de Jadiya, primera esposa del profeta, donde tal vez ambos enterraran a su dos hijos varones, albergan hoy el edificio más grande del mundo. Un complejo de 12 torres con 10.000 estancias, un centro comercial, 70 restaurantes y cuatro helipuertos.”[13]

La otra cara de la región estaba a cargo del socialismo del Baaz, su carácter panarabista y secular, que se desarrollaba en Siria pero con más fuerza en Iraq desde 1968.

Feisal, Palestina y el Panislamismo

En 1969 el Rey Feisal destinaría recursos financieros a la OLP. Arabia Saudí se sumaba explícitamente a la lucha contra Israel.

Pero su jugada más astuta, con serias repercusiones en el presente, será la reunión de países musulmanes celebrada en 1962 en La Meca, con el nacimiento de la Liga Mundial, y la crítica a los nacionalismos. El “islam saudí” nacía también de su preocupación por el comunismo, y el avance de golpes de estado contra monarquías en la región. Además, se sumaban países como Paquistán e Irán (sí, eran otras épocas), lo que permitía romper la hegemonía árabe y disputarle a Nasser su protagonismo.

Incluso la causa palestina sufrirá una “islamización”. La crisis de la mezquita de Al Aqsa en el ‘69 fue analizada desde una perspectiva islámica, y el rey Feisal durante la década del setenta implementará una política de difusión del Islam para contener el nacionalismo árabe. Con las exorbitantes ganancias que dejaba el petróleo, más la reivindicación del Islam, tan caro al sentimiento popular,  Feisal y su “generosidad” fueron muy reconocidos.

Pero Feisal tiene una acción memorable. El embargo de petróleo en 1973, tras la guerra que ganaron los árabes a Israel. Ante el apoyo incondicional de EE.UU. a Israel[14], Arabia Saudí le impuso el embargo de petróleo. O armas para Israel, o petróleo para Occidente. Así de fácil. Mejor no comparemos con la actualidad…

Feisal logró de la mano del embargo de petróleo duplicar el PBI de su país, y recomponer su relación con EE.UU. rápidamente…comprando armamento. En pleno embargo, Kissinger dijo a los saudíes:

“Muy bien, pueden aumentar los precios del petróleo y acaparar enormes capitales, pero sean razonables: cojan ese dinero e inviertan en Estados Unidos, lo que es una excelente política. Cómprennos armas. Guarden sus capitales en nuestra casa, lo que mantendrá nuestra economía a flote. No entraremos en recesión o en depresión por los elevados precios del petróleo. Todo el mundo ganará con eso”.[15]

Ahora Arabia Saudí, junto con Israel e Irán (sigue leyendo bien) serían los principales aliados de Norteamérica en Medio Oriente.

Durante la década del 70, los saudíes compraron armamento por más de 30 mil millones de dólares a EE.UU. No había rencores. De paso, los gringos hicieron tres ciudades militares para tranquilizar a la monarquía en sus fronteras con Iraq, Yemen y Jordania, respectivamente. A Feisal se le fue la mano con sus amigos, y tuvo que pagar con su vida: fue asesinado en 1975 por alguien de su familia.

Y llegó Jomeini, y el Islam se hizo revolución

Si la política de fomentar el Islam provocaba serias críticas a Feisal por su despilfarro, corrupción y sus estrechos vínculos con EE.UU., el reinado de Jalid y la llegada de los “siete Sudaríes”, con Fahd a la cabeza, no tuvieron mejor suerte. El tratado de paz de Camp David entre Egipto e Israel en el ’78 poco importaba ya. Los sucesos de 1979, con el triunfo de la Revolución Islámica de Irán y la invasión soviética a Afganistán, provocaron profundos cambios en la región.

Efectivamente, Arabia Saudí jugó fuerte apoyando a los muyahidines, quienes con el financiamiento de la monarquía y el armamento estadounidense lograron derrotar a la “amenaza comunista”, para luego ser coparticipes necesarios de la caída de la Unión Soviética. Eran los años dorados, cuando Bin Laden era un “buen tipo”. Antes, como ahora, musulmanes al servicio del “dios” mercado. En fin, en palabras de Jomeini[16],  desde ese momento, el comunismo formaba parte de “los museos de historia política mundial”.[17]

Con la llegada de la revolución islámica, la casa saudí unificó a las petromonarquías formando el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)[18], una mini-OTAN para contener al desafío de Irán. Había que apoyar al “árabe” Saddam Hussein, otro “buen tipo” de Occidente en la década del ‘80, contra el “persa” de Jomeini. Más adelante sería el “sunní” Saddam contra el “shií” Jomeini. Cualquier parecido con la actualidad no es casualidad.

Mientras Occidente entregaba armamento químico a su aliado iraquí, los saudíes, con franceses y norteamericanos ayudando, reprimieron la toma de La Meca por parte de musulmanes…sunníes:

“Pero los acontecimientos de La Meca tuvieron una importancia más amplia, más allá de su alarmante impacto inicial. Revivieron la controversia entre la legitimación islámica de la forma monárquica de gobierno (ya que la mayoría de los fundamentalistas creen que el Islam no aprueba la monarquía). También, y no es de extrañar, remarcó los problemas de la “corrupción en la tierra”, que en el caso saudí estaban exacerbados por el impacto de la riqueza del petróleo. La postura oficial estrictamente islámica por la elite gobernante no ligaba demasiado con las historias de enormes “comisiones” y sobornos, fiestas pornográficas, viajes para jugar en el extranjero y asuntos “amorosos”, por no mencionar los menos secretos pero igualmente extravagantes gastos en palacios reales, avionetas privadas, ceremonias de boda, carreras de camellos y cacerías con halcones”.[19]

Los saudíes han tomado nota, y el rey Salman apenas si lleva equipaje en sus viajes… ¿Malasia? Un descuido en el Aeropuerto.

El año entrante, en 1980, la represión llegaba a los shiíes. Ciudadanos de segunda en el reino, ni siquiera tolerados como musulmanes por la doctrina fundamentalista wahabí, ahora se les consideraba aliados de la Revolución Islámica.

El sheij Nimr, ejecutado por la dinastía en enero de 2016, es señal de la continuidad histórica del padecimiento de las comunidades shiíes. Yemen y Bahréin se suman a la lista. Los estadounidenses han separado bien el trabajo: Israel asesina “terroristas”, Arabia Saudí “shiítas”. Juntos asesinan a “terroristas shiítas”, como a Imad Mugnie. 

Paradoja de ver a un “estado islámico” y a un “estado judío” semejantes en sus intereses regionales, que hace tiempo ya coordinan su agenda político-militar a la vista de todos. Thierry Meyssan aseguró que delegaciones de muy alto nivel de Israel y Arabia Saudita, se han reunido cinco veces en Italia, India, y la República Checa[20], en forma secreta.

Ya lo hacen públicamente. Se les acaba el tiempo. Se juegan su supervivencia. Necesitan coaccionar a EE.UU. para que no se retire de Medio Oriente, y vaya a la guerra con Irán y su “media luna shií”. Trump viene a darles una mano, y ya bombardea Siria.

Ambos países aliados fueron inventados por Occidente, siendo todos socios comprometidos con el genocidio que vienen llevando a cabo en Medio Oriente. Siria es el lugar de disputa, necesitan romper el “corredor” del Eje de la Resistencia. Israel y EE.UU. bombardean al mismo tiempo para favorecer al ISIS. Estos mercenarios coordinan inteligencia, entrenamiento y armas, financiamiento en general, principalmente con los saudíes. Por las dudas, el ISIS pide disculpas públicamente por atacar soldados israelíes en el Golán sirio. Por suerte para Israel, esta vez, no usaron armamento químico.        

 

[1] Así denominamos a los musulmanes fundamentalistas de tendencia salafí-wahabí que insisten en determinar quiénes son los verdaderos musulmanes. Su retórica va dirigida principalmente contra shiíes, para así justificar matanzas y actos terroristas. Dice Olivier Roy:
 “Son los herederos de la tradición del fundamentalismo conservador sunní, obsesionado con el peligro de una perdida de pureza dentro del Islam… Este sunnismo estricto también se ha vuelto profundamente antishi’í. Este prejuicio contra el shi’ísmo se reavivó a finales de los ochenta, como consecuencia de la creciente influencia del wahhabismo saudí…Pero también se están volviendo profundamente anticristianos y antijudíos.”

[2] “Orden Mundial”, Henry Kissinger, Debate, 2016.

[3] Fitna, Guerra en el Corazón del Islam. Gilles Kepel, Ed. Paidós, pág. 167.

[4] Capítulo 109 del Corán, “Los que no creen”.  En el versículo 6 del mismo, leemos: “Para vosotros vuestra religión, y para mí mi religión”. Aprovechamos la ocasión para recomendar la traducción de Raúl Gonzalez Bórnez

[5] Standard Oil Of California

[6] Me refiero al concepto de Bida-a’h, innovación que no se sustenta en las fuentes islámicas. Utilizado por los fundamentalistas wahabíes para categorizar así al resto de los musulmanes.

[7] “Philby, el consejero británico de los al-Saud, contó que Abdelziz  se casó con ciento treinta y cinco vírgenes y un centenar de mujeres más…Abdelaziz tuvo cuarenta y tres hijos y más de cincuenta hijas.” En Pascal Ménoret,” Arabia Saudí. El reino de las ficciones”. Ed. Bellaterra; 2004.

[8] Ahora hablamos de Shirk, asociación, en el sentido de asociar a Dios. Otra vez, los fundamentalistas realizan un reduccionismo donde el intelecto es anulado y, como dice Tobajas en su “Manifiesto contra el Progreso” (2005), repiten una lección que no pueden comprender.

[9] Alain Gresh, El Diplo, Nro. 48, Junio 2003. http://www.insumisos.com/diplo/NODE/2845.HTM

[10] Citado en “El Choque de barbaridades”, de Gilbert Achcar, Capital Intelectual, 2009.

[11]Pese a todo tipo de protestas y de corrientes contrarias, entre 1958 y 1970 impera sobre las masas árabes la formulación nasseriana de la ideología arabista. Se trata todavía de un nacionalismo árabe que hace hincapié en la deseable unidad de la nación árabe en su conjunto. El enemigo principal es el “imperialismo”, término con el que se designa exclusivamente la actuación económica y política con la que las potencias capitalistas de Occidente, y en primer lugar Estados Unidos, conservan su hegemonía…Se supone que el régimen social más adecuado a la nación árabe es el “socialismo árabe”, es decir, un capitalismo de estado que garantiza el desarrollo autónomo frente a los efectos de subordinación que acarrea la economía liberal y, por lo tanto, aun más peligrosa…El Islam es respetado e interpretado como coincidente con las exigencias del “socialismo” y del arabismo, pero no se tolera la injerencia de los clérigos en la dirección del Estado. Las disposiciones arcaicas de la ley islámica tradicional se flexibilizan y modernizan por medio de exégesis complacientes. Se busca la alianza con los estados comunistas como contrapeso de la hostilidad occidental, pero se mantiene la guardia alzada contra su ideología y sus portavoces indígenas…”, Los árabes, de Maxime Rodinson, e. Siglo XXI, 2005, págs. 100 y 101.  

[12] Alain Gresh en Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, número 35, año 2002. http://www.insumisos.com/diplo/NODE/3151.HTM#3152.

[13] Alejandro Martín Rodríguez, “El negocio de la peregrinación a La Meca”.Diario El País, 21/9/2016.

[14] “Es de notar que el 19 de octubre el compromiso de los Estados Unidos en el conflicto militar entre las fuerzas árabes e israelíes alcanzó tal magnitud que el presidente Nixon pidió al Congreso U$S 2.200 millones en ese año financiero para destinarlos a ayuda militar a Israel”. Ibrahim Shihata, El Embargo Petrolero Arabe, Ed. Tres Continentes, 1980.

[15] Pascal Ménoret,” Arabia Saudí. El reino de las ficciones”. Ed. Bellaterra; 2004.

[16]“La era presente, que es la época de la opresión del Mundo Musulmán por los Estados Unidos de América, la Unión Soviética, y sus lacayos, como la familia de al-Saud (la dinastía regente de Arabia Saudita), esos traidores a la Casa de Dios (en La Meca), que la maldición de Dios, Sus Ángeles y Mensajeros caiga sobre ellos; debéis maldecirlos y execrarlos en forma contundente”. Imam al-Jomeini, Testamento Político y Religioso del Líder de la Revolución Islámica y Fundador de la Republica Islámica del Irán (1983). Ministerio de Relaciones Exteriores de la Rep. Islámica del Irán, pág. 11. 

[17] Mensaje del Imam Jomeini al presidente Gorbachov, 8 de enero de 1989.

[18] Fundado en 1981 por Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes, Bahréin, Kuwait, y Omán.

[19] Nazih Ayubi, El Islam Político. Teorías, tradición y rupturas. Ed. Bellaterra. 1996.

[20] Red Voltaire, junio de 2015.

Por Kamel Gomez El Cheij