Genocidio, la política oficial de los sionistas
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Pars Today – “El genocidio y el apartheid son el proyecto del régimen israelí”; Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU sobre Derechos Humanos en la Palestina Ocupada, anunció con esta declaración una realidad política y jurídica.
(last modified 2026-08-10T18:03:11+00:00 )
Ago 10, 2026 17:55 UTC
  • Genocidio, la política oficial de los sionistas

Pars Today – “El genocidio y el apartheid son el proyecto del régimen israelí”; Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU sobre Derechos Humanos en la Palestina Ocupada, anunció con esta declaración una realidad política y jurídica.

Desde la perspectiva de Albanese, la cuestión palestina ya no se reduce a una guerra, unas pocas operaciones militares o violaciones aisladas. Se trata de una estructura en la que la ocupación, la discriminación, la represión, la tortura, el desplazamiento y el asesinato se han puesto al servicio de un único proyecto. Esta es la parte más explícita de la postura de Albanese, la Relatora Especial de la ONU. “El genocidio y el apartheid no pueden considerarse meros efectos secundarios de una guerra; en su opinión, forman parte del proyecto del régimen sionista”.

En sus informes, Albanese ha intentado situar lo que ocurre en Palestina fuera del marco limitado del “conflicto entre Israel y HAMÁS”. Desde su perspectiva, Gaza no puede entenderse sin considerar décadas de ocupación, asedio, asentamientos, desplazamiento y privación de derechos del pueblo palestino.

La guerra posterior al 7 de octubre de 2023, según esta visión, no representa el inicio de una crisis, sino una nueva fase dentro de una crisis histórica.

El informe de Albanese de marzo de 2026 sobre la tortura de palestinos sigue la misma lógica. Las detenciones masivas, la tortura, la violencia sexual, la humillación, el hambre y las condiciones carcelarias inhumanas, junto con los bombardeos, el asedio y el desplazamiento forzado, no son una serie de hechos aislados.

Francesca Albanese los considera parte de un patrón sistemático; un patrón que trasciende el nivel del comportamiento individual y alcanza la estructura de la política estatal.Aquí es donde cambia el concepto de «responsabilidad». Si el delito es la mala conducta de varios soldados, se puede juzgar a varios soldados. Pero si la violencia tiene su origen en la política pública, la responsabilidad no puede limitarse al eslabón más bajo de la cadena.

El mando, la toma de decisiones políticas, el suministro de armas, el apoyo diplomático e incluso las relaciones económicas están sujetos a la misma pregunta: ¿quién paga por la continuación de esta situación y quién se beneficia de ella? En este contexto, Albanese afirma “No existe un Israel bueno ni un Israel malo; es todo Israel”.

Esta declaración, más que sobre ciudadanos israelíes individuales, apunta a la estructura de poder que, según él, ha convertido la ocupación y la discriminación de una situación temporal en una realidad permanente. Cuando una política se prolonga durante años, es implementada por instituciones estatales, promovida por el ejército y se destinan recursos públicos a su servicio, la responsabilidad ya no puede atribuirse únicamente a los “malos”.Aquí es donde el silencio de Occidente también se convierte en un problema.

Los países occidentales han considerado repetidamente las sanciones, la presión económica, las restricciones de armas y el aislamiento diplomático como herramientas legítimas de política exterior en respuesta a las violaciones de derechos humanos en diferentes partes del mundo.

Pero cuando se aplica el mismo criterio al régimen sionista, el lenguaje político cambia repentinamente. La seguridad sustituye al derecho internacional, la “legítima defens” se convierte en un escudo para la rendición de cuentas, y los críticos, en lugar de recibir una respuesta documentada, son acusados ​​de politiquería.

Esta contradicción es la raíz de la crisis de credibilidad de Occidente.La oposición de Israel y algunos gobiernos occidentales a Francesca Albanese cobra sentido precisamente en este contexto. Ha sido acusada de parcialidad y antisemitismo, e incluso se ha intentado marginarla. Pero la respuesta a un informe sobre derechos humanos no puede limitarse a un ataque a la persona de la periodista.

Si las pruebas son falsas, deben rechazarse; si las cifras son erróneas, deben documentarse y corregirse. Si los testimonios no son fiables, deben explicarse las razones de su inexactitud. Eliminar al crítico no es una respuesta a un delito. Es en este punto donde la cuestión palestina trasciende la mera disputa regional y se convierte en una prueba del orden internacional.Albanese insta a la comunidad internacional a aislar al régimen sionista, a detener el comercio relacionado con la ocupación y a poner fin a la transferencia de armas.

Estas demandas pueden ser criticadas desde una perspectiva política, pero la pregunta que subyace a ellas no puede ignorarse: si el derecho internacional se aplica a todos los Estados, ¿por qué un régimen debería estar exento de las mismas normas que se aplican a los demás? Al recordarnos que “la Nakba nunca terminó”, la relatora Especial de la ONU señala una herida que no se ha borrado de la memoria palestina. Para los palestinos, la Nakba no es solo un acontecimiento histórico; es una serie continua de desplazamientos, ocupación, privaciones y guerra. Gaza hoy es, en esta narrativa, el punto de inflexión de una larga explosión histórica; no su comienzo.

Los crímenes cometidos por el régimen sionista contra los palestinos en la Franja de Gaza durante los últimos tres años son tan flagrantes y transparentes que no dejan lugar a dudas sobre la naturaleza del régimen de apartheid y la discriminación racial que prevalecen en el territorio palestino ocupado.

Estos crímenes han supuesto una prueba crucial para los gobiernos occidentales que se autoproclaman humanitarios; una prueba que Occidente no superó. El poder normativo y la credibilidad de los gobiernos occidentales se han derrumbado debido a su inacción e incluso a su apoyo al régimen sionista.