¿Por qué EE.UU. ha intensificado las condiciones bélicas hacia Venezuela?
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Pars Today – Estados Unidos fortaleció nuevamente su presencia militar en el Caribe.
(last modified 2025-12-26T13:51:59+00:00 )
Dic 26, 2025 13:45 UTC
  • Aeronaves
    Aeronaves "CV-22"

Pars Today – Estados Unidos fortaleció nuevamente su presencia militar en el Caribe.

Según informa Pars Today, Estados Unidos ha desplegado esta semana más aviones junto con otro equipamiento militar en el Caribe para expandir sus opciones militares en la región. Un funcionario estadounidense declaró que al menos 10 aeronaves "CV-22", utilizadas por fuerzas especiales, volaron desde una base de la Fuerza Aérea en el estado de Nuevo México hacia la zona. Asimismo, aviones de carga "C-17" llegaron a Puerto Rico desde las bases aéreas de Fort Stewart y Fort Campbell.

Al intensificar su presencia militar en el Caribe, EE.UU. busca paralizar las exportaciones petroleras de Venezuela y llevar al máximo la presión política sobre Maduro. En respuesta, Venezuela también ha aprobado la "Ley de Lucha contra la Piratería y el Bloqueo", intentando crear tanto una legitimidad jurídica para enfrentar las acciones de Washington como fortalecer la cohesión interna. Esta situación significa que la crisis venezolana ha entrado en una nueva etapa; una etapa en la que el enfrentamiento directo militar y jurídico entre las dos partes es cada vez más probable.

De hecho, el fortalecimiento de la presencia militar norteamericana en el Mar Caribe no puede considerarse una acción ordinaria o meramente parte de procedimientos militares estándar, sino que debe analizarse en el marco de las políticas dominantes e intervencionistas de Washington en Latinoamérica.

Estados Unidos ha demostrado a lo largo de la historia que, cada vez que sus intereses económicos y geopolíticos se ven amenazados, rápidamente recurre a demostraciones de poder militar para intimidar tanto a los gobiernos independientes de la región como para enviar un mensaje claro a sus opositores a nivel mundial.

Si bien inicialmente Washington, alegando la lucha contra el narcotráfico, quiso engañar a la opinión pública y presentar sus acciones agresivas bajo el disfraz de una misión humanitaria, ahora ha levantado oficialmente el velo de su política, que busca socavar al gobierno de Maduro y abonar el terreno para su derrocamiento.

Los recursos energéticos de Venezuela son uno de los motivos más importantes para Estados Unidos en la actual coyuntura. Este país posee una de las mayores reservas petroleras del mundo, y la independencia política de Venezuela en la gestión de sus recursos energéticos siempre ha provocado la ira de Washington. Estados Unidos, que lleva años buscando controlar el mercado energético y garantizar un acceso fácil a recursos petroleros baratos, ve al gobierno venezolano como un serio obstáculo para estos objetivos. Por ello, cada vez que Caracas ha adoptado políticas más independientes, EE.UU. ha reaccionado con sanciones, presión diplomática e incluso amenazas militares. El actual aumento de la presencia militar en el Caribe debe verse como parte de esta misma estrategia; una estrategia cuyo objetivo final es el cambio de régimen en Venezuela y su reemplazo por un gobierno obediente y dependiente de Washington.

Trump ha declarado abiertamente que ha creado una flota enorme en la región e incluso ha hablado de la posibilidad de iniciar operaciones terrestres. Estos pronunciamientos ponen de relieve que EE.UU. no solo busca el bloqueo naval y la presión económica, sino que también tiene en su agenda el escenario de un ataque militar directo. Tal amenaza es la continuación de la misma política que Washington ha seguido hacia muchos países independientes del mundo; una política basada en la fuerza militar y el desprecio por las leyes internacionales.

Mientras tanto, Venezuela, a pesar de las fuertes presiones económicas, las extensas sanciones y las amenazas militares, sigue insistiendo en su independencia política. El gobierno de Maduro ha declarado en más de una ocasión que las acusaciones de EE.UU. sobre narcotráfico son infundadas y que  el objetivo principal de Washington  es crear las condiciones para una intervención armada. Caracas ha calificado estos movimientos como la mayor amenaza continental en el último siglo y ha advertido que el pueblo venezolano está preparado para defender su país.

Venezuela también ha aprobado en este sentido la Ley de Lucha contra la Piratería y el Bloqueo, que tiene importantes impactos en las condiciones internas y externas del país; ya que, por un lado, proporciona al gobierno de Maduro herramientas jurídicas y políticas para presentar las acciones de EE.UU. y sus aliados como una violación de la libertad de navegación y comercio, ganando así mayor legitimidad para resistir las sanciones y el bloqueo naval, y por otro lado reforzar la cohesión interna, al posibilitar la persecución de opositores o grupos acusados de colaborar con las políticas de Washington. 

Esta ley envía un mensaje claro a la comunidad internacional y a los aliados de Venezuela de que Caracas pretende defender su comercio petrolero con herramientas legales.

Las tomas de posición y acciones de Venezuela evidencian que este país no tiene intención de retroceder ante las presiones estadounidenses y, movilizando a las fuerzas populares y al ejército, está preparado para enfrentar cualquier agresión potencial. El gobierno de Maduro ha recalcado repetidas veces que la independencia política y el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano no son negociables y que ninguna potencia extranjera tiene derecho a inmiscuirse en los asuntos internos de este país. Esta postura demuestra la seria determinación de Caracas para encarar las políticas dominadoras de Washington.

Aunque Venezuela se encuentra en una situación difícil, la determinación de su pueblo y gobierno para defender su independencia podría impedir el logro de los objetivos de EE.UU. Esta batalla no solo definirá el destino de Venezuela, sino también el futuro de toda América Latina. Resistir las políticas agresivas de Estados Unidos es un deber histórico que pesa sobre los pueblos de la región, y su resultado podría cambiar el rumbo de las futuras relaciones internacionales.