¿Por qué se ha recrudecido la islamofobia en Europa?
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Pars Today- Un nuevo reporte de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) para 2025 esboza un panorama inédito sobre la expansión de la islamofobia en el continente. El documento revela que el racismo antimusulmán ha dejado de ser una excepción o una reacción marginal para integrarse en las estructuras institucionales, políticas y mediáticas europeas. Según la FRA, los registros de discurso de odio y discriminación han alcanzado su nivel más elevado de la última década,
(last modified 2025-12-28T10:09:09+00:00 )
Dic 28, 2025 10:05 UTC
  • La islamofobia en Europa
    La islamofobia en Europa

Pars Today- Un nuevo reporte de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) para 2025 esboza un panorama inédito sobre la expansión de la islamofobia en el continente. El documento revela que el racismo antimusulmán ha dejado de ser una excepción o una reacción marginal para integrarse en las estructuras institucionales, políticas y mediáticas europeas. Según la FRA, los registros de discurso de odio y discriminación han alcanzado su nivel más elevado de la última década,

Los resultados del sondeo indican que casi uno de cada dos musulmanes en la UE ha sufrido experiencias directas de discriminación o menoscabo racial, una cifra que ascendió del 39 % en 2016 a más del 47 % en 2025. Las mujeres, debido al uso de vestimentas religiosas, son particularmente vulnerables a la exclusión laboral y a las hostilidades. Paralelamente, la extensa desconfianza hacia el sistema judicial y las entidades gubernamentales ha provocado que muchas víctimas opten por el silencio, generando una brecha entre las estadísticas oficiales y la realidad fáctica.

En el Reino Unido, los datos de la organización Tell MAMA indican que 2025 ha marcado un récord en incidentes antislámicos. La magnitud de esta hostilidad ha obligado al Parlamento británico a replantearse la definición formal de islamofobia. No obstante, sectores críticos han frenado el proceso mediante consideraciones políticas, manteniendo la carencia de mecanismos legales diáfanos para perseguir estos agravios.

En Francia, la intensificación de las disputas identitarias y migratorias, sumada a actos violentos como ataques a mezquitas, ha devuelto al primer plano la relación entre las políticas de laicismo estricto, la seguridad y el aumento del odio social. Investigaciones académicas sugieren que el discurso político y mediático legitima la exclusión de este colectivo. Alemania también sigue esta tendencia; aunque su ministerio del Interior ha reportado cientos de delitos, las organizaciones civiles denuncian que muchos casos no se registran o se categorizan bajo otros epígrafes. La vinculación de fuertes políticas migratorias con el contexto posterior a la guerra de Gaza ha propiciado que las protestas propalestinas sean observadas bajo sospecha de seguridad.

En Dinamarca y Austria, con el ascenso de la extrema derecha, la retórica antislámica se ha mimetizado con las políticas oficiales, un proceso definido como «normalización del racismo» en el European Islamophobia Report 2024. Tras el conflicto en Gaza, la islamofobia adquirió nuevas dimensiones, traduciéndose en una «securitización de la identidad musulmana». En Austria, solo en 2023 se registraron más de 1,500 delitos de odio, la cifra más alta desde la crisis de refugiados de 2015. En Finlandia, el 63 % de los musulmanes denunció discriminación en el mercado de trabajo. Estas presiones reflejan no solo políticas internas, sino la explotación de los temores culturales por parte de facciones derechistas en periodos electorales.

A pesar de que la Comisión Europea destaca formalmente la lucha contra el racismo, la realidad sobre el terreno denota una contradicción entre la retórica y la praxis. La islamofobia en Europa hoy no es solo una crisis cultural, sino un síntoma de la erosión de la credibilidad ética y legal del Occidente. Si este racismo persiste sin respuesta, como advierte la FRA, no solo se socavará la cohesión social, sino que la pretensión de defender los derechos humanos se percibirá cada vez más como un concepto vacuo.