El Gobierno, en alerta ante una posible desobediencia al TC
Santamaría asume el riesgo de su gestión: «Gobernar es pensar primero en tu país»
La resolución del Tribunal Constitución que prohíbe una investidura a distancia de Puigdemont prudujo un gran alivio en el Gobierno, pero la partida no ha terminado todavía. Aunque se da por amortizado a Puigdemont, sin recorrido jurídico para optar a la Presidencia de la Generalitat, La Moncloa permanece en alerta, ante cualquier escenario que pueda producirse hoy, incluida una entrada en España por sorpresa del golpista huido. Las posibles actuaciones y respuestas están preparadas para evitar una «burla» al Estado de Derecho, otra desobediencia al TC, según fuentes del Ejecutivo.
El Gobierno confía en que los independentistas «cumplan las instrucciones que ha dado el Tribunal Constitucional», pero la tensión no cesa. Vistos los precedentes y la manera de actuar de los separatistas, en La Moncloa no se descarta absolutamente nada, aunque no existen dudas de que la candidatura de Puigdemont ha quedado desactivada.
Los últimos días han sido de órdago en La Moncloa y en Génova, que ayer cerraron filas defendiendo a la vicepresidenta de las críticas recibidas por haber elevado un informe al TC pese a no tener el aval del Consejo de Estado. Soraya Sáenz de Santamaría asumió en primera persona los riesgos de su gestión en Cataluña y negó sentirse «en absoluto» cuestionada. Al contrario, se mostró enérgica. «Gobernar es pensar primero en el futuro de tu país y luego, en el tuyo», aseveró antes de asistir a un acto de Alberto Núñez Feijóo en Madrid, que le respaldó en público por haber esclarecido el horizonte de Puigdemont.
La dirección nacional del PP también aplaudió la audacia del Ejecutivo al anticipar su respuesta a la investidura ilegal. Los populares creen que con ese recurso temprano el Gobierno ha reforzado su acento político frente a quienes le acusaban de inacción en la crisis catalana, aunque lamentan que esos mismos les cuestionen por tomar la delantera al independentismo. «Es lo que nos exige la gente», afirmó el portavoz de Génova, Pablo Casado, que decretó la defunción política de Puigdemont: «Su partida se ha acabado. Podrá ser un preso o un prófugo pero nunca podrá ya ser presidente», aventuró.