Desastre de Mina 5
Estimados oyentes, en el programa anterior les narramos los recuerdos de uno de los peregrinos, Mohammad, sobre los eventos amargos durante el Hach del año pasado, como la actitud extraña de las fuerzas de seguridad saudíes en Medina, y también explicamos el suceso de la caída de la grúa en la Mezquita Al-Haram. Ahora les invitamos escuchar la continuación de estas memorias.
Después de la dolorosa tragedia de la caída de una grúa sobre peregrinos de la Mezquita de Al-Haram, traté de calmarme. Me dirigí a la mezquita para realizar la circunvalación (Tawaf) y la oración para los mártires. Pero, cada vez que iba a la Mezquita de Al-Haram, observaba decenas de grúas que estaban alrededor de la mezquita, entonces, pensé en la posibilidad de que ocurriese otra caída de estas grúas sobre peregrinos inocentes. Los días pasaron rápidamente y después llegó el tiempo del ritual del Hach Mayor. Todos cubiertos con el Ihram nos dirigimos hacia la hermosa tierra de Arafat.
Aquí todo era del color de Dios y la sonrisa de la espiritualidad. El noveno día de Zi al-Hiyyah, es el día de Arafat, la famosa oración y la lectura espiritual del Imam Hussein (la paz sea con él) en este día encuentra un estado de ánimo diferente. Especialmente, la recitación hermosa del Corán de Mohsen Haji Hasani cambio la atmosfera de Arafat. Con la puesta del sol, la población poco apoco se trasladó a otra tierra sagrada, es decir Mashaar-Al-Haram. Aquí también algunos estaban ocupados en orar y hablar con su Señor y el resto recogiendo piedras para que al día siguiente lapidarán al diablo.
A la salida del sol, el día del Eid Qorban, se creó un especial entusiasmo entre los peregrinos que en grupos se marcharon hacia la tierra sagrada de Mina. Fue un largo camino, pero el entusiasmo por la gracia del ritual del Hach y de causar satisfacción a Dios, se hizo fácil esta agotadora tarea. Por último, llegamos a lugar donde cada año los saudíes disponen a los peregrinos iraníes. Un lugar sucio y más lejos para la lapidación del diablo. Tomamos un poco de alimentos por desayuno y, a pesar de la fatiga, para no enfrentarnos con calor extremo de Mina, nos movimos más rápido. Sabíamos que durante los últimos años por la incapacidad de los saudíes habían ocurrido sucesos dolorosos a los peregrinos iraníes. Obviamente, al reducirse el número de los peregrinos en 2015, por lógica, hubo menos accidentes. Pero por la incapacidad de Al Saud cualquier suceso desagradable podría repetirse, de hecho, acaba de pasar la caída de la grúa en la mezquita de Al-Haram. La policía saudí llevó a los iraníes a la calle 204. Una calle estrecha que se abre hacia la lapidación del diablo. Después de las 8 de la mañana la multitud empezó a moverse más lento. Sin embargo, se dieron con la sorpresa de que las autoridades saudíes habían derivado a los peregrinos africanos de las otras calles hacia la calle 204. El movimiento era muy lento y el clima se tornaba más cálido. El jefe de la caravana, según la experiencia de los años anteriores, esperaba que en tales casos la policía saudí con múltiples cámaras de circuito cerrado de televisión, siguiera el recorrido y abriera otro camino secundario para reducir la densidad de población. Sin embargo, sorprendentemente, todo estaba cerrado y nos dimos cuenta que las fuerzas de seguridad también habían cerrado el final de la calle 204. De hecho, decenas de miles de peregrinos en la calle 204 quedaron atrapados mientras cada momento iba aumentando en número. Nuestra situación era peor con el avance del tiempo. Se había acabado el agua y fatiga y calor redujo en gran medida nuestra capacidad. Según el jefe de la caravana, estábamos cerca de un centro de socorro saudí por eso esperábamos que nos ayudaran o al menos salpicaran un poco de agua sobre la gente sedienta. Pero no ocurrió nada. Parece que los saudíes en el día de Eid Qorban habían elegido a los peregrinos de Beit-ol-Haram para el sacrificio. Las horas pasaban y ya eran las 9 de la noche y los peregrinos que tienen menos energía, poco a poco, se desmayaron. Todos habíamos peregrinado a esta tierra cumpliendo las órdenes de Dios, pero nos vimos afectados por la incapacidad de sus gobernantes. Unos pocos que aún tenían energías clamaban a Dios. Sabíamos que nos habíamos metido en un problema sin fin y solo un milagro podía salvarnos de la presión y el calor y de la muerte que estaba más cerca de nosotros en cada momento.
Estimados oyentes en el próximo programa continuaremos relatándoles estos recuerdos trágicos.