Desastre de Mina 8
En el programa anterior dijimos que muchos gobiernos cuyos peregrinos habían perdido la vida en la ceremonia de Hach del año pasado, no hicieron nada para reivindicar sus derechos, y solo la República Islámica de Irán ha dado seguimiento al caso.
Sin embargo no es suficiente que solo un país lo haga pues ya es tiempo de que el régimen saudí, según las normas islámicas y las leyes internacionales, como responsable de la salud y la seguridad de los peregrinos, responda sobre los desastres como el de Mina o la caída de grúa en la Mezquita de Al- Haram.
Obviamente tal vez en un país monárquico y despótico como Arabia Saudí, donde se ignoran los primarios derechos humanitarios y en el escenario internacional no es leal a muchas normas, este hecho sea difícil, pero Riad debe entender que al menos ante los peregrinos tiene deberes y responsabilidades importantes.
El primer derecho de cada persona es el “derecho de la vida”. En el artículo dos de la Declaración de los Derechos Humanos Islámicos leemos: “La vida es un don de Allah. La vida de todo ser humano está garantizada. Los individuos, las sociedades y los estados protegerán este derecho contra toda agresión. No es posible suprimir una vida si no es a exigencias de la Sharía”. En el artículo tres de la Declaración Mundial de los Derechos Humanos se lee: “Todos tenemos el derecho a la vida y a vivir en libertad y con seguridad”. No obstante, el régimen de Al Saud, por su imprudencia y negligencia en la gestión de la ceremonia de Hach, hasta ahora ha privado a miles de peregrinos de la bendición de la vida y, por tanto, debe responder ante las leyes religiosas y legales por esta negligencia. Uno de esos compromisos es al menos disculparse ante los sobrevivientes y los familiares de las víctimas y pagarles una indemnización, así mismo, determinar medidas serias y prácticas para que no se repitan otros sucesos iguales al de Mina.
No hay duda de que el régimen Al Saud se enorgullece de considerarse a sí mismo inocente de cualquier fallo y achaca la culpa de todos los incidentes a los demás y no acepta sus compromisos islámicos e internacionales. Así que la República Islámica de Irán ha interpuesto quejas en los tribunales internacionales. Pero para obtener mejores resultado, estas quejas deberían presentarse en conjunto con los otros gobiernos cuyos peregrinos han muerto en el desastre de Mina. Por desgracia, estos gobiernos, debido a la influencia de los saudíes, no han hecho nada mientras que son responsables de salvaguardar la vida de sus ciudadanos.
Los saudíes no solo no son capaces de mantener una ceremonia de Hach salva y segura, sino también en términos de autoridad política y religiosa no pueden ejecutar el Hach. El gobierno en Arabia Saudí está en manos de una familia que no atiende las reglas políticas dentro ni fuera del país y saca adelante sus intereses por medio del dinero. De hecho, ahora en Arabia Saudí no hay libertad ni democracia. Por ejemplo, las mujeres tienen prohibido conducir, los chiíes son reprimidos y se hace caso omiso a las protestas. También Al Saud fuera de su país no tiene miedo de intervenir en los asuntos de los otros países e incluso agredirlos militarmente, un caso más reciente es Yemen. Los saudíes han convertido la peregrinación en una herramienta para avanzar en su política exterior y, este año, no han permitido a los peregrinos iraníes, yemeníes ni sirios participar en esta gran ceremonia islámica.
Desde el aspecto religioso también el régimen saudí se rige bajo las ideas desviadas y violentas del wahabismo. Esta secta no acepta los pensamientos de las otras religiones y se opone a la libertad religiosa, inclusive de los peregrinos que entran en territorio saudí desde otros países. Así que funcionarios saudíes crean tensiones y conflictos durante los días de peregrinació, y la raíz de este comportamiento es el fanatismo reinante en el wahabismo. Teniendo en cuenta las debilidades y deficiencias del régimen saudí, está claro que este no tiene jurisdicción ni competencia para administrar los santuarios y gestionar las peregrinaciones. Hace años que algunos grupos, personajes e incluso gobiernos, considerando que estos dos lugares sagrados pertenecen a todos los musulmanes, plantearon que la organización y gestión del Hach esté a cargo de diversas instituciones. Algunos expertos creen que es mejor que la ceremonia de Hach sea realizada periódicamente por cada gobierno. Otros teoristas creen que es mejor que se otorgue esta misión a la Organización de la Cooperación Islámica que está integrada por todos los países islámicos.
Sin embargo, considerando que en el desastre desgarrador de Mina del año pasado perdieron la vida más de siete mil peregrinos inocentes de Beit-ol-Haram y definitivamente la causa de estos decesos fue la incapacidad del régimen de Al Saud, Riad carece de toda competencia para realizar las actividades concernientes a la celebración de la ceremonia gloriosa de Hach. Los peregrinos de este año sienten una sensación de inseguridad debido a los sucesos del último año, especialmente en Mina, están a la espera de un accidente. Es perentorio que esta ceremonia se realice tan pronto como sea posible por una institución competente y que su encargado pueda responder por sus actos y medidas tomadas durante Hach.