Jun 21, 2016 03:23 UTC

Saludos a todos los estimados oyentes. Estamos con Uds. con un programa más de la serie Estados Unidos en la semana que pasó y, al igual que en los programas anteriores, revisaremos los importantes cambios políticos, económicos y sociales de EE.UU.


La semana pasada, el tiroteo mortal en el club gay en Orlando, en EE.UU. produjo en el pueblo de este país una gran conmoción. El atentado citado que dejó 50 muertos y otras 53 personas resultaron heridos, se ha registrado como el suceso terrorista más mortal ocurrido en EE.UU. después de los atentados del 11-S de 2001. Se dice que Omar Mateen de origen afgano quien es el supuesto autor de este atentado terrorista incluía en la lista de los sospechosos al terrorismo de la policía Federal de EE.UU. (FBI). Si bien el grupo terrorista del EIIL (Daesh por sus siglas en árabe) se atribuyó este atentado, la Agencia de Inteligencia Central de EE.UU (CIA) descartó cualquier relación entre el autor del tiroteo con Daesh. El atentado en Orlando intensificó la preocupación por las amenazas terroristas en EE.UU. y, el presidente estadounidense, Barack Obama, lo consideró como una señal del extremismo que vive en el territorio estadounidense. En efecto, en los últimos años, EE.UU. ha sufrido más de las violencias perpetradas por los individuos o los grupos radicales en EE.UU. que de los atentados de los grupos terroristas como al-Qaida o Daesh. Colocar una bomba en el edificio Federal de Oklahoma City o el tiroteo contra la iglesia de la raza negra de Charleston, están entre las acciones terroristas ocurridas en el territorio estadounidense. La mayoría de los funcionarios de seguridad de EE.UU., como la exsecretaria de Seguridad Nacional de este país, Janet Napolitano, entre otros funcionarios, opinan que la lucha contra el terrorismo interior en contraste con la de los grupos extranjeros como al-Qaeda o Daesh es cada vez más ardua.
Si bien desde hace tiempo se sabe cuál será el resultado de las elecciones entre los precandidatos demócratas en las primarias presidenciales de EE.UU., parece que han escalado las divergencias en este partido sobre cómo comunicarse con Israel. Hace cuatro años, el mismo descuerdo había dividido también la Convención de los Demócratas; Pero, hoy, que han potenciado los flujos liberales en este partido, liderado por Berni Sanders, dicha discordia se ha intensificado más que nunca. Las posturas de Sanders en cuanto a las relaciones con el régimen sionista y la cuestión de Palestina son bien diferentes con las de Hilary Clinton, precandidata que lidera en el mismo partido. Pese a que Clinton ya dispone de los votos necesarios para llegar a ser la candidata final de los demócratas en las elecciones presidenciales, Sanders está decidido continuar con las campañas electorales, para así, obligar a Clinton a que defienda alguna de las políticas del candidato izquierdista. Cuando Hilary Clinton encabezaba el Departamento de Estado de EE.UU., fue una de las más férreas defensoras de Israel. Sin embargo, esta postura fue criticada por el ala Liberal del partido demócrata. El alto asesor de Sanders, Cornel West, la semana pasada señaló que el partido demócrata ha estado por largos años bajo la influencia del Comité de Relaciones Públicas de Israel-EEUU. (AIPAC) y, se ha mostrado muy indiferente ante los sufrimientos humanos de los palestinos. Para West, ya es momento de que los demócratas revisen sus políticas. Estas posturas se han declarado mientras que los líderes demócratas intentan unir este partido para triunfar en las próximas elecciones de noviembre; para ello, antes también habían pretendido convencer a Sanders que renunciara a las campañas. Aunque Berni Sanders no tiene casi chance para llegar a ser el candidato final del partido demócrata en las presidenciales del próximo mes de noviembre, no está dispuesto a abandonar las campañas y regalárselas a su rival, es decir, a Hilary Clinton. Existe una preocupación creciente que la presencia continua de Sanders en las campañas intensifique cada vez más los desacuerdos entre los dos precandidatos demócratas.
El asunto sobre Palestina y cómo relacionarse con Israel han hecho que aumenten los desacuerdos dentro del partido demócrata mientras que la semana pasada fue informado que EE.UU. pretende continuar con su presencia en el Oriente Medio. El vicesecretario del Departamento de Estado de EE.UU., Antony Blinken, el pasado miércoles hizo hincapié en la conferencia anual de Herzliya en Israel que EE.UU. permanecerá en el Oriente Medio pero, sus herramientas de poder no serán sólo militares. Blinken agregó que su país está involucrado en diferentes regiones del mundo y, en el Oriente Medio actúa en diferentes aspectos diplomáticos, económicos, culturales, políticos y de tecnología. Además, desmintió que EE.UU. desatiende a los cambios de la región y que se haya retirado de esta región. El vicesecretario del Departamento de Estado de EE.UU. pronunció dichas declaraciones en respuesta a las dudas sobre la caída de la presencia de Washington en el Oriente Medio. Después de que Barack Obama difundiera en enero de 2012 la nueva estrategia militar estadounidense, en la cual se ha insistido explícitamente en la concentración militar de EE.UU. en la región estratégica de Asia-Pacifico. Algunos creían que EE.UU. va disminuyendo su presencia militar en el Oriente Medio y, en cambio, fortificará sus tropas en Asia-Pacífico. Desde luego, este punto de vista es verdad porque el 60% de las naves militares de EE.UU. se han instalado en la región de Asia-Pacífico. Sin embargo, por ciertos motivos EE.UU. no tiene más remedio que mantener su presencia militar en el Oriente Medio. Quizá unas de las razones principales es porque EE.UU. e Israel son aliados estratégicos. Los gobernantes estadounidenses, Obama entre ellos, han confirmado reiteradas veces su compromiso para mantener la seguridad del régimen sionista. Incluso, Obama pretende dedicarle durante los próximos años 40 mil millones de dólares de ayudas militares al régimen sionista. El motivo por el cual continuará la permanencia de EE.UU. en el Oriente Medio es por la extensión del terrorismo cuyo símbolo es el grupo terrorista del EIIL (Daesh, por sus siglas en árabe). Si bien los estadounidenses junto con sus aliados occidentales y árabes han jugado un rol imprescindible para que nazca y tome poder este grupo terrorista, ahora, por los atentados de Daesh en Europa y EE.UU. intentan continuar su asistencia en el Oriente Medio. 
Estimados oyentes, hemos terminado el programa de hoy y nos despedimos de todos Uds. hasta la próxima semana.