Feb 08, 2017 08:03 UTC

Saludos a todos los estimados oyentes. Estamos con Uds. con un programa más de la serie Estados Unidos en la semana que pasó y, al igual que en los programas anteriores, revisaremos los importantes cambios políticos, económicos y sociales del país norteamericano.

En la semana que pasó, el presidente estadounidense Donald Trump y sus decisiones polémicas siguieron siendo encabezados de las noticias importantes de EE.UU. y por supuesto el mundo. 

La orden ejecutiva de Trump, titulada "Protección de EE.UU. ante el terrorismo", ha suspendido durante 120 días el programa de acogida de refugiados de Estados Unidos y ha detenido durante 90 días la emisión de visados para ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, ha enfrentado con amplias protestas tanto a nivel nacional e internacional.

Según el Departamento de Estado estadounidense, más de 60.000 visados fueron revocados luego de la implementación de la orden ejecutiva del presidente Donald Trump . Más de 100 personas, por la orden ejecutiva presidencial, fueron detenidas en el aeropuerto a su llegada al territorio estadounidense. Por supuesto, el caso más polémico entre los detenidos corresponde a un iraní de 5 años que fue retenido una noche en el aeropuerto de Dallas en Washington DC, si bien, después fue entregado a su madre.

Sobre este asunto, el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, durante su sesión informativa del martes, dijo que asumir que solo por la edad o el sexo algún musulmán no representa una amenaza, es una  equivocación.

En reacción a la orden antinmigrante de Trump que prohíbe la entrada de ciudadanos de 7 países musulmanes al suelo estadounidense, el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, la tildó de un insulto al mundo musulmán y la nación iraní. 

La medida de Trump causó repudio en diferentes países, por ejemplo, el Comité de Relaciones Exteriores del Parlamento iraquí pidió al gobierno del país que tome acción recíproca. Incluso los aliados de Washington no se quedaron callados ante esta decisión controvertida del nuevo presidente de EE.UU  y un gran número de líderes mundiales la han rechazado.

La canciller alemana, Angela Merkel, al condenar prohibición de la entrada a personas de países musulmanes, aseguró que la guerra decidida contra el terrorismo no justifica que se coloque bajo sospecha generalizada a personas en función de una determinada procedencia o religión.

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en un mensaje dirigido a los refugiados que han sido prohibidos de entrar en Estados Unidos, dijo: "A esos que huyen de la persecución, del terror y de la guerra, los canadienses les darán la bienvenida, independientemente de su fe". 
La oficina de la primera ministra británica Theresa May, anunció que no está acuerdo con la orden inmigratoria de Donald Trump y pidió una reforma si eso afecta a los ciudadanos de Gran Bretaña.


Las protestas contra la orden de Trump no se limitaron a  manifestaciones fuera y dentro del país, sino también se registraron dentro de los órganos administrativos. Lo que llamó la atención fue la resistencia de la fiscal general en funciones Sally Yates, ante el decreto antiinmigratorio del mandatario norteamericano, una oposición que resultó su destitución. 

Yates, a través de una declaración, tachó de ilegal la orden ejecutiva de Trump y envió  una carta al Departamento de Justicia pidiendo a los abogados de dicho instancia no defender esa orden ejecutiva, ya que, desde una perspectiva legal, no es defendible y tampoco es una orden “legal”. De inmediato ella fue despedida por desacato y sustituida por Dana Boente. 

Al mismo tiempo se reveló que cerca de 900 diplomáticos del Departamento de Estado estadounidense firmaron un memorando interno en el rechazan la orden ejecutiva de Trump.
El secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer en reacción a la postura de ese grupo de diplomáticos norteamericanos avisó a los que tienen objeciones a la nueva política de Washington sobre las restricciones de viajes para inmigrantes o refugiados extranjeros que deben seguir las instrucciones o dejar sus puestos.

Mientras tanto, los demócratas del Congreso ofrecieron un plan para evitar que se convierta en ley la orden ejecutiva del presidente Trump que prohíbe la entrada de ciudadanos de siete países islámicos a EE.UU. Mark Warner y Tim Kaine, senadores demócratas de Virginia, en un comunicado, consideraron el decreto de Trump como una acción contra los musulmanes.


Por último, a finales de la semana pasada, un juez federal de Seattle (estado de Washington) bloqueó el veto del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al ingreso de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. Según la sentencia de este juez, la orden presidencial debería ser bloqueada temporalmente. Inmediatamente el Gobierno de Estados Unidos emitió un comunicado en el que ha tildado de "indignante" la suspensión judicial y adelantó que sus abogados apelarán esa decisión.



Donald Trump, en otra de sus acciones controvertidas, la semana pasada modificó la estructura del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU.  Trump retiró los asientos permanentes en las sesiones del Consejo Nacional de Seguridad del jefe del Estado Mayor Conjunto y del director de la Agencia Nacional de Inteligencia. En cambio, incluyó al jefe de estrategia de la Casa Blanca, Steve Bannon, y al jefe de Gabinete, Reince Priebus, como miembros para asistir a las reuniones en el Consejo Nacional de Seguridad. 

Asimismo, Trump despidió a todos los embajadores norteamericanos en otros países pero aún está preocupado por otras autoridades remanentes del Gobierno de Obama, quienes aún están en cargo, algunos de ellos se oponen obviamente a las políticas del nuevo inquilino de la Casa Blanca. El Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unido, es una de las más importantes entidades estadounidense en el campo de seguridad y militar y se encarga mantener la seguridad de Estados Unidos y proporcionar soluciones a los problemas de seguridad militar del país. Los cambios que ha hecho Trump en el Consejo quizás no sean tan inesperados. Sin embargo el retiro de los asientos permanentes que ocupaban  dos altos funcionarios de seguridad y militar, el jefe del Estado Mayor Conjunto y del director de la Agencia Nacional de Inteligencia, significa la eliminación de la voz de la oposición en Gobierno de EE.UU.

La presencia de estos dos cargos, que estaban presentes en todas las reuniones del organismo  desde la era del presidente George W. Bush, ha sido limitada a casos de emergencia.
Trump no tolera ninguna voz discrepante. El equipo de seguridad y política exterior de Trump, a pesar de algunos conflictos, está constituido por políticos y funcionarios derechistas que están a favor de las posturas de Trump en diferentes campos.

Mientras las posturas del presidente estadounidense  han creado muchos desafíos hasta ahora tanto dentro como fuera del país norteño, Trump, la semana pasada durante la juramentación del nuevo secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, declaró que ya es hora de adoptar una mirada fresca a la política exterior.