Saludos a todos los estimados oyentes. Estamos con Uds. con un programa más de la serie Estados Unidos en la semana que pasó y, al igual que en los programas anteriores, revisaremos los importantes cambios políticos, económicos y sociales de EE.UU.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció una vez más su disposición para reunirse con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, con el fin de reconstruir las relaciones bilaterales de sus países. Según Putin, no le toca solo a Rusia, sino también a la parte estadounidense desempeñar su papel al respecto.
Al contrario del expresidente estadounidense Barack Obama que mantuvo relaciones muy tensas con Rusia e incluso impuso duras sanciones contra ese país euroasiático, su sucesor, Donald Trump, tanto durante como después de la campaña electoral se ha mostrado favorable al mejoramiento de las relaciones con Moscú. Las palabras de Trump dirigidas a Putin han despertado la esperanza de que esas tensas relaciones se normalicen y que se levanten también las sanciones contra Moscú.
En este sentido, Putin y Trump han declarado en las últimas semanas y en más de una ocasión su disponibilidad para entrevistarse, lo que ha generado preocupaciones en Europa, que teme el inicio de negociaciones entre ambos mandatarios, lo que significaría el sacrifico de los intereses del viejo continente, como que Trump olvide el militarismo ruso en Europa, sobre todo la cuestión de la anexión de la península de Crimea a Rusia. Esta preocupación se intensificó cuando Trump habló de la anulación de la OTAN por la fuerte carga financiera que supone para EE.UU. Entretanto, los estrategas sostienen que el presidente de EE.UU. busca acercarse a Rusia con el fin de contrarrestar el creciente poderío de China.
Pese a todo lo anteriormente mencionado, el flamante presidente estadounidense ha condicionado recientemente la normalización de relaciones con Rusia a que Moscú cambie de política para ayudar a garantizar los intereses de Washington en temas como la lucha antiterrorista, la reducción de las armas nucleares de Rusia y la revisión de su política ante Ucrania.
En otro tema, el Tribunal de Apelaciones de San Francisco desestimó la solicitud del Gobierno de EE.UU. para anular el veredicto del juez federal de Seattle y restaurar la controvertida orden de Trump, que prohíbe la entrada de ciudadanos de Siria, Irak, Libia, Yemen, Somalia, Sudán e Irán a suelo estadounidense por 90 días y a los refugiados por 120 días. Dicha corte indicó que la Administración de Trump no logró probar que ni siquiera un ciudadano de estos siete países musulmanes ha estado implicado en ataques terrorista contra EE.UU.
Una corte federal de Seattle en el estado de Washington dictaminó que el decreto migratorio de Trump contraviene la Constitución por lo que ordenó cancelar su aplicación en todo el país.
Según los últimos sondeos realizados por la cadena CNN, el 55 % de los estadounidenses se opone a la orden antiinmigratoria de Trump, cuyas medidas han provocado reacciones y protestas mundiales.
Los opositores a la decisión de Donald Trump de prohibir, por 90 días, el ingreso a EE.UU. de inmigrantes y refugiados de siete países de mayoría musulmana, es considerada una medida discriminatoria, antirreligiosa, antihumana y contraria al derecho internacional. Asimismo, opinan que la prohibición de la entrada de los ciudadanos de los países islámicos a EE.UU. con el objetivo de proteger el país norteño, es un pretexto que tiene como blanco a los musulmanes y no hará más que generar odio contra los seguidores de una religión y conflictos en la sociedad.
La verdad es que los ciudadanos de los 7 países islámicos cuyo ingreso en EE.UU. ha sido prohibido por Trump no han estado implicados en ningún ataque terrorista en ese país, incluido el atentado del 11 de septiembre de 2001.
De esta manera, con el fallo del tribunal de apelaciones norteamericano, los ciudadanos de Irán, Siria, Irak, Libia, Yemen, Sudan y Somalia ahora pueden entrar en EE.UU. con un visado válido.
Aun así, continúa la disputa del Ejecutivo con el sistema judicial de EE.UU., sin que Trump quiera dar marcha atrás en su orden ejecutiva. Trump ha acusado a la corte de apelaciones de politiquería y ha prometido llevar el caso al Tribunal Supremo.
La semana pasada, durante su visita a EEUU, la alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Federica Mogherini, se reunió por primera vez en Washington con las autoridades del Gobierno de Trump, entre ellas el secretario de Estado, Rex Tillerson; el asesor de seguridad de la Casa Blanca, Michael Flynn, y el asesor presidencial y yerno de Trump, Jared Kushner, así como con varios senadores en el Capitolio. En esos encuentros se abordaron distintos temas como las relaciones transatlánticas, la estrategia de lucha antiterrorista, los vínculos con Rusia, el acuerdo nuclear con Irán y la crisis de Ucrania.
La visión crítica y hasta negativa del presidente estadounidense hacia el proyecto europeo ha despertado ciertas preocupaciones en la Unión Europea (UE). Tras el apoyo de Trump a la retirada del de Gran Bretaña de la UE, en Europa se ha intensificado la inquietud de que el mandatario estadounidense está animando a los miembros del bloque comunitario a salir del mismo e intenta difamar el euro.
Esto es importante si se tiene en cuenta que después de la llegada de Trump al poder y el anuncio de los resultados de la salida del Reino Unido de la UE (brexit), la extrema derecha y los partidos populistas en Europa han tomado fuerza, lo que amenaza las ecuaciones tradicionales de poder en el viejo continente.
En el plano económico, la política de la economía proteccionista, en vez de apoyo a los mercados abiertos y el comercio libre por parte del presidente de EEUU, amenaza la economía de los Estados europeos.
Otro tema se refiere a Rusia, gran y poderoso vecino de la UE. En condiciones en que tras la crisis de Ucrania y la anexión de la península de Crimea a Rusia, los europeos se preocupan por el creciente poderío de su vecino oriental y, en este sentido, piden una cooperación conjunta con EE.UU. para ejercer presión sobre Moscú, mientras que Trump aboga por mejorar las relaciones con el Kremlin.
Así como están las cosas, Europa teme que Trump haga un negocio con Rusia sacrificando los intereses y la seguridad de Europa.
Todo lo anteriormente señalado ha llevado a los líderes de algunos países europeos y a la alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior a que, para garantizar los intereses a la seguridad de este bloque, ofrezcan propuestas sobre la necesidad de mantener a Europa independiente de EE.UU.
Uno de los temas más importantes de esas propuestas para la capacidad de acción soberana de Europa es el consentimiento o ayuda de EE.UU. En este marco se inscriben el proyecto de la formación de un ejército independiente europeo, la oposición conjunta de los Estados europeos a la retirada de EE.UU. de los tratados internacionales y la defensa del acuerdo nuclear con Irán.
Al concluir su visita a Washington, Mogherini declaró que no la UE no interferirá en la política de EE.UU. y que los europeos esperan lo mismo del país norteamericano. Estas declaraciones son una alusión directa a las recientes afirmaciones del presidente Trump, en las que dijo que la salida del Reino Unido de la UE, conocida como brexit, será un “éxito” y calificó como un “error catastrófico” la decisión de la canciller alemana, Angela Merkel, de abrir las fronteras de su país a los solicitantes de asilo.