Feb 22, 2017 08:03 UTC

Saludos a todos los estimados oyentes. Estamos con Uds. Con un programa más de la serie Estados Unidos en la semana que pasó y, al igual que en los programas anteriores, revisaremos los importantes cambios políticos, económicos y sociales del país norteamericano.

La semana pasada, el escándalo desatado sobre la relación de Michael Flynn, consejero de Seguridad Nacional del presidente estadounidense, Donald Trump, con Rusia, provocó una crisis en el gabinete gobernante de Estados Unidos. El pasado lunes y en una medida inesperada, Flynn renunció a este cargo clave.
 
Esta decisión se tomó después de que los servicios de inteligencia de Estados Unidos se percataran del contenido de un contacto telefónico de Flynn con el embajador ruso en Washington, Sergey Kislyak, durante la transición del poder al entonces electo presidente Trump. Ese contacto se realizó el día en que el entonces presidente Obama decretara más sanciones contra Rusia por los presuntos ciberataques de Moscú y su intervención en el proceso electoral de 2016 en EE.UU.
 
Entretanto y en su comunicación telefónica con el embajador ruso, Flynn le había asegurado que las sanciones impuestas contra Moscú bajo la Administración Obama serían levantadas en el próximo gobierno de EE.UU. Tal comentario por parte de una autoridad de seguridad de alto nivel estadounidense y en relación con Rusia fue calificado como un acto contrario a la legislación federal y una violación a la seguridad nacional del país norteño.
 
Este acontecimiento supone un extraordinario y temprano revés para Trump, quien desde hace mucho tiempo se enfrentaba a acusaciones como su alineamiento con Rusia.
 
Por otra parte, Robert Harward, oficial de la Marina estadounidense, rechazó la oferta de reemplazar a Flynn, aparentemente por diferencias con los asesores y allegados de Trump. Se comenta que la Casa Blanca insistió en que se mantuvieran en sus cargos los adjuntos de Flynn, mientras que Harward quería establecer su propio equipo en el Consejo de Seguridad Nacional (CSN).
 
Asimismo, corren rumores sobre las frecuentes intervenciones de Stephen Bannon, estratega de alto rango de Trump para asuntos vinculados con la gestión del CSN, en el que Trump ha asignado a ese ultraconservador un escaño permanente. La reorganización de este influyente círculo por parte de Trump ha supuesto que el jefe del Estado Mayor del Ejército y el director de la inteligencia nacional estadounidense quedaran excluidos del mismo. Cambios de tal calibre en la estructura de la máxima institución de toma de decisiones en materia de seguridad e inteligencia de EE.UU. han sido inéditos.
 
Todo lo anteriormente mencionado pone de relieve que la Casa Blanca está sumida en una crisis de escasos precedentes, a menos de un mes de la subida al poder de una nueva Administración.
 
Las repercusiones del escándalo en el equipo de seguridad nacional de Trump no se limitaron al interior del país, sino que también afectaron las relaciones Washington-Moscú.
 
La semana pasada y un día después de la controvertida renuncia del consejero de Seguridad Nacional de Trump, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, comunicó que el mandatario norteamericano había pedido la retirada de Rusia de Crimea.
 
Asimismo y con anterioridad, Trump había dicho durante la visita de la primera ministra británica, Theresa May, que todavía era pronto levantar las sanciones a Rusia por parte de EE.UU.
 
Estas posturas se tomaron en condiciones en que durante su campaña electoral en 2016, Trump se había mostrado favorable a mejorar las relaciones con Moscú. Incluso, contrariamente a las posturas oficiales de países europeos y de EE.UU., había declarado que de ingresar en la Casa Blanca, podría reconocer la anexión de Crimea a Rusia. También aprovechaba de cualquier oportunidad para protestar contra las penalizaciones a Rusia.
 
Además de los demócratas, también algunas de las más conocidas figuras republicanas, como McCain, presidente del influyente Comité de Servicios de las Fuerzas Armadas del Senado, se posicionaron firmemente en contra de los planes de la Administración Trump para reconciliarse con Rusia. Incluso se comenta que la destitución de Michael Flynn ha sido producto de la pugna por el poder entre el equipo de seguridad de la Casa Blanca y la poderosa corriente antirrusa en la clase dirigente de EE.UU.
 
El cambio de la postura de Trump ante el tema de la anexión de Crimea a Rusia al día siguiente de la dimisión de Flynn pone en evidencia que el Gobierno de Trump se ha replanteado sus puntos de vista para liberarse de la gran presión de ser acusado de sostener colaboraciones entre bastidores con los rusos. De ahí que Trump aparcara la idea del levantamiento inmediato de las sanciones económicas a Rusia y apostara por la devolución de Crimea al territorio de Ucrania.
 
La visita del primer ministro del régimen israelí, Benyamin Netanyahu, a EE.UU.  fue otra noticia importante relacionada a esa parte del planeta.
 
Mientras Netanyahu trató de aprovechar este viaje como una oportunidad para incrementar las presiones sobre Irán, muchos esperaban que su encuentro con el nuevo presidente de Estados Unidos esbozara las principales líneas del enfoque  de la flamante Administración ante Tel Aviv y el problema palestino.
 
Simultáneamente con el viaje de Netanyahu a EE.UU., fuentes noticiosas reportaron que Washington podría reconsiderar su postura referente al tema de la creación de dos Estados independientes en los territorios palestinos. Este comentario envió un mensaje muy alentador a las corrientes más radicales en  Israel. Durante largos años, Washington, pese a su apoyo indiscutible a Israel, seguía la idea de dos Estados independientes en los territorios palestinos. Desde luego, el plan estadounidense no incluía ninguna de las verdaderas reivindicaciones de la población palestina, tales como la repatriación de los refugiados, la recuperación de las tierras ocupadas, el reconocimiento de su derecho a tener a Beit-ul-Moghaddas (Jerusalén Este) como la capital de Palestina y la demarcación exacta de las fronteras. Aun así, tampoco este plan tan defectuoso pudo convencer a las facciones ultraextremistas lideradas por Netanyahu.
 
 
Pese al apoyo integral  y, en parte, de escasos precedentes de la Administración Trump a Israel, aún se ignoran los principales marcos de los vínculos de EE.UU. con el régimen sionista. Sobre todo porque a menos de un mes de la instalación de Trump en la Casa Blanca, este ha modificado algunas de sus promesas anteriores respecto a Israel. Por ejemplo, bajo la fuerte presión de la opinión pública y temeroso de  la amplia indignación del mundo islámico, el actual gobierno de EE.UU. ha aparcado  el tema de la mudanza de su embajada  de Tel Aviv a Jerusalén. Pero por otra parte y para congraciarse con los sionistas,  dicho gobierno ha apoyado la construcción de asentamientos judíos en la Palestina ocupada desmarcándose de la unida postura de la comunidad internacional en condena de los mismos.