EEUU en la semana que pasó (3 de julio de 2017)
Jul 05, 2017 03:32 UTC
Saludos a todos los estimados oyentes. Estamos con Uds. con un programa más de la serie Estados Unidos en la semana que pasó y, al igual que en los programas anteriores, revisaremos los importantes cambios políticos, económicos y sociales de EE.UU.
La semana pasada, el presidente estadounidense, Donald Trump, se reunió por separado en la Casa Blanca con los líderes de la India y Corea del Sur. En ambos encuentros, EE.UU. hizo hincapié en ampliar las colaboraciones económicas y en superar los problemas de seguridad, sobre todo, en el sur y en el este de Asia. Tanto el primer ministro indio, Narendra Modi, como el presidente surcoreano, Moon Jae-in recibieron con beneplácito las posturas estadounidenses. Sin embargo, el primer encuentro de Trump como presidente de EE.UU. con el primer ministro indio estuvo bajo una sombra de desacuerdos entre ambos países. Cabe mencionar que La India y EE.UU. son considerados principales socios comerciales uno al otro, pero además de tener amplias colaboraciones, también compiten en algunos asuntos; determinar la contribución del comercio en los mercados de consumo, el nivel de las inversiones recíprocas y también esbozar el futuro de la economía del mundo están dentro de las discrepancias entre Washington y Nueva Delhi en los asuntos económicos. Lo que busca Trump es fortalecer el mercado nacional formulando lemas tales como "Primero Estados Unidos", mientras que por otro lado Modi busca los similares objetivos con el lema de "La construcción de la India". Ambos países también están en desacuerdo sobre los asuntos políticos y de seguridad, entre ellos la forma cómo luchar contra el radicalismo, el futuro de Afganistán, y las relaciones con Paquistán. Según un reciente decreto firmado por Trump, se limita a las empresas de EE.UU. el reclutamiento de expertos indios en alta tecnología, lo cual ha intensificado más las discrepancias entre Washington y Nueva Delhi. Ahora bien, al contrario de lo que ocurrió en el encuentro de los líderes de EE.UU. y La India que, como dijimos, fue eclipsado por las disputas entre los dos países, la reunión de Trump con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, le dio una nueva oportunidad al mandatario estadounidense para seguir con su verborrea contra Corea del Norte. Trump alegó que la paciencia estratégica de EE.UU. ya ha tocado su fin ante lo que llamó el aventurismo atómico y misilístico de Corea del Norte y planteó la posibilidad de que Washington tome medidas más drásticas contra Pyongyang. Si bien estas amenazas fueron bien recibidas por parte del mandatario surcoreano, las autoridades norcoreanas no tardaron en responderlas, de modo que Pyongyang informó de nuevo que está totalmente listo para enfrentar cualquier medida aventurista y belicista de Washington.
La semana pasada, la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de Estados Unidos de aplicar la orden de Donald Trump que prohíbe la entrada de los ciudadanos de seis países musulmanes a EE.UU. provocó una nueva ola de las protestas locales e internacionales. A unas horas de entrar en vigor esta polémica ley, algunos aeropuertos y calles fueron escenario de congregaciones de abogados y activistas de los derechos civiles que rechazaban la medida. Por otro lado, la organización pro derechos humanos Amnistía Internacional, en un comunicado, calificó de discriminatoria la ley ejecutiva del presidente estadounidense y el reciente visto bueno de la máxima corte judicial del país. Además, en esa misma declaración, Amnistía Internacional exige la resistencia popular y la reacción del Congreso de EE.UU. ante dichas medidas. En esta misma línea y en primera fila, el estado de Hawái volvió a desafiar jurídicamente esta ley, al solicitar la extensión de las excepciones en la normativa. Con el visto bueno del Tribunal Supremo de Justicia de EE.UU. entró en vigor el veto migratorio para los ciudadanos de seis países muslámenes, Irán, Siria, Yemen, Sudan, Libia y Somalia, y, sólo estarán autorizados a ingresar al territorio estadounidense aquellos que tengan lazos cercanos y fuertes vínculos comerciales o familiares con personas física o jurídicas estadounidenses. Para el Departamento de Estado de EE.UU., el padre, la madre, los conyugues, los hermanos, la nuera, el yerno y también los novios estarían admitidos porque están entre los parientes de primer grado. Además, los individuos que tienen admisión universitaria, carta de trabajo en algún instituto estadounidense o bien los invitados a realizar un discurso en EE.UU. están excluidos de esta polémica ley. Aunque las excepciones mencionadas han resuelto temporalmente los problemas de algunas personas para entrar a EE.UU., se ha intensificado el espíritu discriminatorio de la prohibición del viaje tras la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de EE.UU. Antes de este anuncio, esta gran corte había acusado al Gobierno de Trump de haber emitido leyes racistas contra 160 millones de los ciudadanos de seis países musulmanes. Esto ocurre mientras que no había presentado ninguna prueba de que los grupos vetados fueran peligrosos para la seguridad nacional de EE.UU. Pero, ahora esta medida discriminatoria ha llegado a las familias y ha creado una nueva forma de desigualdades sociales en este país.
La semana pasada, se informó que la confianza mundial hacia EE.UU. ha bajado considerablemente, sobre todo, en relación con el mismo presidente del país. El Centro de Investigaciones Pew ha notificado que según las investigaciones realizadas entre unas diez mil personas en 37 países del mundo, la popularidad de EE.UU. ha caído del 64 %, desde finales de la presidencia de Barack Obama, al 49 % en la primavera del año en curso. Este porcentaje es similar al que se había logrado durante el mandato de George W. Bush. Ahora bien, los resultados de las investigaciones realizadas sobre Trump son aún peores, por ejemplo, en promedio, solo el 22 % de las personas están seguras de que Trump tomará decisiones correctas en cuanto a los asuntos del mundo. Esto ocurre mientras que el 64 % de las personas confiaban en la correcta actuación de Obama. Al respecto, el diario Washington Post escribió que Trump ha hecho que descienda el lugar de Washington en el mundo creando terror y preocupación en el mundo, incluso entre los países que se consideran los aliados más cercanos de EE.UU. El exdiplomático Frank Wisner que ha trabajado tanto en el Gobierno de los demócratas como en el de los republicanos dice lo siguiente: "Lo sorprendente es que Trump ha humillado los mismos principios, que EE.UU. ha defendido y desarrollado durante siglos; el gobierno demócrata, los mercados libres, la seguridad colectiva, los derechos humanos y la soberanía legal, están entre estos principios". El Centro de Investigaciones Pew anunció que durante los ocho años que duró el empantanamiento de la guerra de Irak, George W. Bush perdió muchos puntos de su popularidad en el mundo, pero la caída de la popularidad de Trump ocurrió sólo en seis meses. Según el resultado de las investigaciones de este centro, el motivo de que el presidente actual de EE.UU. no es popular entre los pueblos del mundo, se debe a su oposición con algunos de sus planes y también por el odio al carácter de Trump.
La semana pasada, quedó sin resultado alguno el intento de los republicanos para aprobar el nuevo plan de los seguros de salud en EE.UU. Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado pretendía aprobar antes del 4 de julio, es decir, antes del aniversario de la independencia de EE.UU., un proyecto de ley en el Senado para reemplazar la ley vigente de seguros de salud baratos denominados Obamacare. La Casa Blanca y la mayoría de los republicanos en la Cámara de Representantes respaldaron este proyecto de ley. Sin embargo, algunos de los senadores republicanos no apoyaron el proyecto de Mitch McConnell. Un grupo de senadores acusó al líder de la mayoría republicana de haber elaborado a escondidas este proyecto. Para otro grupo, el proyecto propuesto no era lo suficiente conservador y lo consideraron que va en contra de las intervenciones del gobierno en el sector privado. Sin embargo, otros republicanos evitaron apoyar este proyecto de ley porque están preocupados por las consecuencias políticas como influenciar negativamente los resultados de las elecciones de medio periodo del Congreso. La Oficina del Presupuesto del Congreso de EE.UU. ha informado que si el proyecto de los republicanos reemplaza al programa de salud de Obamacare, durante los próximos años quedarán excluidos por lo menos 22 millones de ciudadanos estadounidenses de la seguridad médica. Estas personas que en su mayoría pertenecen a la clase de bajos ingresos de la sociedad, sin ayudas públicas, no podrían pagar los altos costos de los servicios de salud, los medicamentos entre otros. Un senador izquierdista-demócrata ha criticado duramente el nuevo proyecto de ley de seguros médicos. Al respecto, ha escrito lo siguiente: "aquellos ciudadanos estadounidenses que en adelante ya no puedan pagar sus costos de salud, no merecen sino la muerte". Además, se prevé que si este grupo de ciudadanos pierden la ayuda de los republicanos en la Casa Blanca y el Congreso en el mercado de las competencias benéficas de los seguros de salud, votarían en noviembre del próximo año por los demócratas. Esto ocurre mientras que, los republicanos, que esta la fecha no han cumplido con su promesa de campaña de eliminar el programa de salud Obamacare, se enfrentarían con la caída de los votos de sus simpatizantes radicales en las próximas elecciones de medio término.
Estimados oyentes, hemos terminado el programa de hoy y nos despedimos de todos Uds. hasta la próxima semana.