EE.UU. en la semana que pasó (12 de marzo de 2017)
Mar 15, 2017 08:05 UTC
Saludos a todos los estimados oyentes. Estamos con Uds. con un programa más de la serie Estados Unidos en la semana que pasó y, al igual que en los programas anteriores, revisaremos los importantes cambios políticos, económicos y sociales de EE.UU.
El presidente Donald Trump firmó el 6 de marzo la versión revisada de su orden del veto al ingreso en territorio norteamericano por 90 días de los ciudadanos de algunos países islámicos, incluyendo a Irán, Siria, Yemen, Somalia, Sudán y Libia. El nuevo veto tiene algunas diferencias con el anterior, emitido el 27 de enero. Por ejemplo, no afecta a los que tengan residencia permanente en Estados Unidos o a los que ya estén en posesión de un visado. Asimismo, deja fuera a Irak de los países vetados. Además, contempla ciertas exenciones. Estas modificaciones se han introducido con el fin de ganar el visto bueno de la Judicatura de EE.UU., que hace unas semanas había detenido la orden ejecutiva anterior de Trump por juzgarla contraria a la ley. Con estas marchas atrás, la Casa Blanca espera que esta vez salga victoriosa de este conflicto político-jurídico. No obstante, aún se notan dos importantes problemas en el nuevo veto migratorio. El primero es que éste, al igual que el anterior, prohíbe a un grupo de personas viajar a EE.UU. por sus creencias religiosas. El segundo es que, la nueva orden ejecutiva guarda silencio sobre las causas de la peligrosidad de los ciudadanos los citados 6 países musulmanes para la seguridad de EE.UU. Al rechazar el decreto anterior de Trump, los tribunales federales del país se refirieron a su carácter discriminatorio. También del nuevo decreto ha sido desafiada por los fiscales de varios estados, por lo que podría correr el mismo destino que el primero.
La página web reveladora WikiLeaks destapó el 7 de marzo los mayores secretos cibernéticos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Wikileaks difundió casi 8 mil documentos confidenciales de la CIA que detallan los métodos de ciberespionaje y herramientas de software empleadas por esta organización. Estos documentos demuestran que la CIA ha producido más de mil malwares, virus, troyanos, y otros softwares que una vez entrados en los aparatos electrónicos toman su control total. En concreto, estos malwares atacan teléfonos iPhone y Android y convierten televisores inteligentes Samsung en "micrófonos encubiertos", aun cuando están apagados. Al hackear los celulares inteligentes, los expertos informáticos de la CIA hackearon las redes sociales encriptadas tales como WhatsApp, Telegram, Viber e incluso Confide. De hecho, los hackers de la CITA pueden, siempre según los documentos divulgados por WikiLeaks, recopilar la información de esas redes antes de que se aplique el encriptado. Estas revelaciones han aumentado otra vez las críticas a las actividades de espionaje de las instituciones de inteligencia de EE.UU. contra los ciudadanos del país. Las entidades defensoras de los derechos civiles en EE.UU. se han mostrado muy preocupadas por la abierta violación de la privacidad del pueblo. En respuesta a esas críticas, el director de la Oficina Federal de Investigación (FBI), James Comey, declaró explícitamente que "No hay tal cosa como la privacidad absoluta en EE.UU."
El presidente Trump afirmó el 4 de marzo que su predecesor, Barack Obama, había ordenado pinchar las comunicaciones desde la Torre Trump en Manhattan durante la campaña presidencial de 2016. La revelación de los vínculos secretos de algunos miembros del equipo de campaña de Trump con los rusos ha reforzado la idea de que la sede de campaña del candidato republicano estuviese sometida a escucha en las elecciones anteriores. Trump consideró dicha medida como un acto vengativo por parte de la entonces Administración por el fracaso de la candidata de este partido en los comicios. Los líderes del Partido Demócrata en el Congreso e incluso algunos de los correligionarios de Trump han expresado sus dudas sobre la veracidad de este alegato y han pedido que se presenten pruebas al respecto. Pero tras las polémicas desatadas sobre la escucha de la Torre Trump, la Casa Blanca declaró que no hará más comentarios hasta que el asunto sea investigado en el Congreso. Desde luego, el asunto se tornó más polémico cuando el director de la FBI, James Comey, pidió al secretario de Justicia que rechazara la acusación de Trump sobre escuchas telefónicas. Comey rechazó ese alegato, toda vez que con tales acusaciones la FBI ya está más, que cualquier otra entidad, bajo la sospecha de participación en escuchas ilegales. Esta tira y afloja evoca otra vez el escándalo Watergate en la década de los 70 elevando el nivel de las disputas políticas en EE.UU.
La semana pasada, las marchas de los pros y contra de Trump en algunas ciudades de EE.UU., particularmente en Berkeley (California), derivaron en enfrentamientos entre ambas partes, durante los cuales la policía lazó gases lacrimógenos, lo que provocó que varios de los manifestantes resultaran heridos. Trump y sus seguidores habían declarado el 4 de marzo como el día de solidaridad con el mandatario estadounidense ante la oleada de protestas de los detractores. Aun así, a diferencia de las congregaciones de los opositores que principalmente son multitudinarias, la convocatoria de apoyo a Trump no recibió mucho respaldo. Al arrastrar a sus simpatizantes a las calles para apoyar a su agenda, Trump espera reducir la dura presión por parte de sus detractores. Incluso en los días previos al ingreso de Trump en la Casa Blanca, estos últimos realizaban protestas en las calles y las continuaron también después de la investidura. Al día siguiente de la toma de posesión de Trump, hubo marchas de protesta de las mujeres y grupos defensores de los derechos civiles en EE.UU. Parecidos actos anti-Trump tuvieron lugar también en muchas ciudades del mundo, especialmente en Europa. Esto sucedió cuando los grupos conservadores, contentos por el triunfo de Trump en las elecciones de noviembre, escuchaban los gritos de ira de las corrientes liberales en EEUU. Para los grupos pro-Trump, los comicios habían terminado con éxito y no precisaba convocar marchas callejeras. Sin embargo, las condiciones actuales han obligado a Trump y a sus partidarios a salir abiertamente a las calles. La confrontación de los pros y contras del presidente de EE.UU. amenaza con derivar en violencia si se tiene en cuenta que la mayoría de los ciudadanos van armados.