Enfrentamiento entre la izquierda y la derecha en América Latina (3)
Sep 11, 2017 07:50 UTC
En el programa de hoy, nos dedicaremos a revisar algunas estrategias de la izquierda en América Latina.
Como les dijimos en el programa anterior, debido a diversas razones, entre ellas el fracaso de la economía neoliberal en el desarrollo de los países latinoamericanos y los avatares internacionales como la globalización de la economía y los atentados del 11 de septiembre de 2001, la ideología izquierdista surgió de nuevo en América Latina. Existen claros ejemplos sobre el uso de las ideas izquierdistas en las posiciones política-económicas de la mayoría de los países izquierdistas de América Latina.
Por ejemplo, en Chile, desde los primeros años del gobierno socialista, los puntos de vista de los derechistas afectaron mucho a la formación de las políticas de gobierno. Esta posición política se remonta a principios de la década 90, es decir la época del primer gobierno social demócrata en Chile. En aquella época, los partidos de derecha e izquierda acordaron respetar algunos principios fundamentales como un exitoso marco de modelo económico capitalista y basarse en la ejecución de unas reformas.
De esta manera, desde el inicio, los gobiernos centroizquierdistas de Chile aceptaron utilizar la democracia en la formación del Gobierno, amén de mantener el marco de las políticas generales del país. Eso significaba que los partidos de izquierda aceptarían agregar algunos elementos del sistema de la democracia liberal a la estructura política y económica que buscaban.
Este punto de vista anima la actividad de las empresas privadas, facilita el libre mercado y finalmente, la ejecución de varias reformas sociales. De hecho, el partido de izquierda gobernante en Chile apoya la firma de tratados de libre comercio con EE.UU., el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Unión Europea y Corea del Sur. El énfasis de la presidenta chilena, Michelle Bachelet, en que su gobierno no busca crear cambios fundamentales en su país, revela esta misma actitud.
Quizá se pueda considerar sus énfasis en los asuntos como el comercio mundial justo y el respeto al multilateralismo como el único punto común en las ideas de Bachelet con el marco intelectual de la izquierda.
En Brasil, las políticas de gobierno de Lula da Silva, eran contrarias a las estrategias regionales de EE.UU., pero estas tendencias en el gobierno de Brasil tienen diferentes razones.
De hecho, la principal intención del Gobierno de Brasil en criticar a EE.UU. fue su propósito para desempeñar un papel en las ecuaciones de la región y la gestión de esta zona a través de la presión de Mercosur. Si bien, no se puede considerar las políticas del gobierno de Lula como el neoliberalismo económico, pero este gobierno, ha equilibrado este mecanismo a través de agregar parámetros como el mejoramiento del sistema de la distribución del ingreso, la reducción de pobreza y el cambio de las relaciones con instituciones financieras internacionales.
Brasil se manifiesta contra el plan de la unificación económica continental que busca EE.UU. en el marco del Área de Libre Comercio de las Américas (FTAA). A parte de los objetivos de Brasil para dirigir el Mercosur, los políticos brasileños creen que esta unión debe formarse gradualmente y tenga en cuenta los intereses de todos los sectores económicos y sociales de los países miembros y no solo baste la productividad de ciertos sectores.
A este respecto, Brasil critica la actitud desenfrenada de las empresas multinacionales en América Latina. Este país alega que los intereses de las actividades económicas en Brasil y otros países de América Latina llegan solamente a estas empresas y no favorecen a los indígenas.
Con todo, se puede considerar las críticas de Brasil como protesta contra el desequilibrio en las relaciones económicas con EE.UU. y requiere de ajuste estructural. En otras palabras, Brasil carece de un plan fundamental para desafiar las políticas de EE.UU. en América Latina. En práctica, las realidades como la alta cantidad de deuda y la influencia de los elementos exteriores sobre la economía de Brasil, debilitan la economía de este país y limitan el alcance de las maniobras políticas de los líderes cariocas para los planes como convergencia de la región sudamericana.
En las elecciones de 2007 en México, Andrés Manuel López Obrador, el candidato de izquierda, se encontraba muy cerca a Felipe Calderón, candidato de la derecha. En este país, se allanó el terreno de otra forma para las tendencias izquierdistas. A pesar de que este país se había adherido desde hace más de una década al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, Nafta en inglés) y el sin precedente aumento de sus índices económicos, la realidad mostraba las crecientes brechas sociales en México y la sociedad bipolar en este país.
Transcurrida una década de la presencia de México en Nafta y teniendo en cuenta que según las estadísticas, México alberga a casi 50 millones de pobres, es difícil imaginar un avance económico para este país.
Se puede evaluar la gran diferencia entre el nivel de desarrollo de México con EE.UU. y Canadá como resultado del unidimensional funcionamiento de Nafta. De hecho, una considerable parte de la sociedad de México carece de las capacidades necesarias para cooperar con los complicados mecanismos de Nafta, por eso la clase media ha sufrido severos daños y las pequeñas empresas han sido privadas de rivalidad en la cadena de productores exportadores.
Estos factores, además de causar el aumento de la pobreza general, terminaron en la amplia migración de los desempleados mexicanos a EE.UU. y finalmente, la tendencia de la clase baja de este país al candidato del partido de izquierda en las elecciones.
Los izquierdistas como Obrador creen que debido a la dependencia del 92 por ciento de la economía, que implica a México bajo la sombra de Nafta, el Gobierno de este país no puede caminar fuera del marco admitido por el mecanismo de este tratado. De esta manera, se puede concluir que la corriente izquierdista en México, no atiende los asuntos transrregionales, sino se concentra mayormente en varias reformas sociales con el objetivo de disminuir la pobreza y la tasa de desempleo. Con todo lo dicho, la corriente de izquierda en México no tiene principios ideológicos transrregionales.
En Bolivia y Ecuador, las nuevas ideas de Morales y Correa que ya han tenido la oportunidad de ser planteadas y ejecutadas, tienen su raíz en movimientos indígenas y gozan de larga historia.
Debido a la colonización de España y los gobiernos títeres, se han violado los derechos de los indígenas.
Desde mediados de la década 80 y tras la llegada al poder de los sistemas democráticos en el sur del continente de América, el movimiento de los indígenas se convirtió en movimientos políticos y sus peticiones entraron en programas competitivos políticos.
Tras la llegada al poder de Morales y Correa en Bolivia y Ecuador, cumplieron sus objetivos en varias áreas como la soberanía de los recursos nacionales, que fue contraria a los intereses de EE.UU. La clase indígena carece de educación general suficiente y no goza de contemplación requerida para luchar contra el imperialismo. Además, sufre de grave pobreza y sus países tienen una estructura económica independiente. Por estas razones, es poco probable que las peticiones de los indígenas sean lógicas.
Venezuela, como un país bajo el liderazgo carismático de Chávez, además de plantear peticiones internas, atendía también los objetivos transrregionales, se considera como un caso único en este estudio. Entre los países latinoamericanos, se puede considerar las ideas de Chávez como un ejemplo más radical de la ideología izquierdista.
En el ámbito de la economía, que se considera como uno de los principales campos de las maniobras de su Gobierno, Chávez liberalizó las actividades del sector privado, bajo pocas supervisiones gubernamentales. Eso mostraba el fuerte aspecto pragmático de las políticas izquierdistas de su gobierno.
En este sentido, los mecanismos como la supervisión de divisas y la creación de sistemas gratuitos de salud y educación, figuran entre las ideas sociales que surgieron en el sector de la economía de las medidas de Chávez y provocaron el aumento del ingreso del Gobierno, a través de una mayor supervisión sobre los recursos internos y las actividades de las empresas privadas. Entones, se puede considerar el modelo izquierdista de Chávez entre el modelo ideológico de Cuba y el modelo centro-social de Chile que desafía de manera más clara los intereses de EE.UU., tanto dentro de Venezuela como a nivel regional.
Un vistazo general a los nuevos procesos de la región de América Latina, se observa una gran diferencia desde el aspecto de origen, raíces y objetivos entre el pensamiento revolucionario antiliberal de Chávez y Castro con el pragmatismo gobernante en Argentina, Brasil y Uruguay, o con la orientación nacionalista en su concepto indígena que representa en las ideas de Morales y Correa.
Los movimientos sublevados desde las comunidades latinas tienen la capacidad de afectar las enormes interacciones de esta zona con EE.UU. y la intensificación del peso de los latinos en las negociaciones regionales, no obstante, parece que las debilidades estructurales en los sectores sociales y económicos de América Latina impiden el acceso de esta región a los planes de la integración latina.
La economía de América Latina depende de la entrada de capital desde el extranjero y no se apoya en la economía indígena.
Los movimientos populares en esta zona, tienen diferente orígenes. Los movimientos ideológicos en países como México, Chile y Argentina no son profundos por lo que es poco probable la adhesión y convergencia de los objetivos de estos países en los planes de la integración de Latinoamérica.
De hecho, desde el aspecto social, la mayoría de los indígenas latinoamericanos tiene demandas más básicas en comparación con lo que anuncian sus líderes y la contemplación en el ámbito del izquierdismo no tiene mucho sentido para esta clase.